domingo, 4 de diciembre de 2011

Colores estacionales


Morales del Arcediano
León, noviembre 2011

LLevo dos días intentando entrar para suplir, si quiera sea brevemente, la ausencia de Lucas. Pero me lo ha impedido una nueva interfaz de Blogger cuya página de escritorio aparecía sin cursor de subir y bajar el texto, y tampoco me permitía volver directamente a la lista de entradas.
Hoy me empezó a pasar también con Psilicosis y como soy un desesperado pensé que se había terminado el juego. Pero no, creo que volvió la normalidad y voy a intentar rellenar estos dos huecos que faltan.

El domingo quise colgar esta foto del otoño leonés, maragato para ser precisos. No es una especie autóctona el Sauce llorón. Son frecuentes los sauces en los ríos leoneses pero de otras especies. Aquí adorna una pradería al lado del río Turienzo, uno de los tres o cuatro más importantes de los que riegan Maragatería. Hay una chopera y al borde del río paleras centenarias. Y los típicos de ribera, fresnos, olmos, algún abedul.
Sólo aquí, junto a los ríos, el colorido es todavía otoñal.

¡Pero este azul del cielo de la tarde en esta época no es una bendición?

Está la estación más avanzada en León que en Asturias. Además de su menor riqueza arbórea y vegetal en general, León es menos húmedo y templado, y eso que todavía no han empezado en serio las heladas. En los bosques de roble y encina, que son mayoría en la región, sólo algunas hojas verdes, muy pocas, amarillas y naranjas de los robles, nos hablan del otoño que muere.
Y la encina es un árbol estoico que varía muy poco de apariencia a lo largo del año, siempre con su verde seco y austero, brillante de la humedad del rocío apenas en las mañanas soleadas y heladas del invierno.
Sólo en primavera, en plena floración, se viste de gala con el amarillo pálido, marfileño, de sus amentos colgantes.

Los colores predominantes son ahora el marrón y el rojo, y sus varientes.

Falta el cian, que con el amarillo y el azul hacen la paleta de los colores básicos.

Pero ese color, con más pizcas de azul, profundo y serio tiene también algo de fúnebre. Son
atribuciones de las que los colores no serán responsables, no lo niego, pero qué casualidad que todos nos pongamos cianóticos cuando morimos. Como el año.

Cianóticos o lívidos o blancos o, como decía un amigo, ambas tres.

Salud y color.

Ramiro.