viernes, 23 de diciembre de 2011

Sauces


Sauce. El Güelmo. San Justo
León 2011


El sauce autóctono es el blanco, que se cría al lado de los ríos, lagunas y humedales, al borde mismo del agua y con frecuencia medio sumergido. Pero estos llorones se adaptaron divinamente hace muchos años a nuestros jardines, céspedes y arboledas civilizadas.
Y escaparon al control en ocasiones, no tanto sin embargo como otras especies foráneas introducidas bastante a lo loco.

Hubo un tiempo en que estuvieron tan de moda que parecían muy capaces de acabar con la poca atención que nuestros árboles de sombra merecían a los urbanistas y paisajistas del reino.
Hay que reconocerles una belleza más espectacular que la de los discretos sauces blancos. Y tienen esa aureola romántica Watteauniana con columpio o hacen pensar en la familia feliz, cobijada bajo su sombra, en un picnic con mantel de hilo sobre la hierba (los pobres de periódicos).

Pero los árboles son inocentes, como el invierno.

León 2011


¿Porqué el sauce en Geotermias?

En primer lugar porque es uno de los remedios tradicionales contra la hipertermia, la fiebre, sustituyendo incluso a la quina en el tratamiento de la malaria si bien su uso, la corteza sobre todo, como el de tantas plantas, ha desaparecido practicamente. Y es que le salió el peor competidor que pueda tener un remedio o medicamento: la aspirina.
Lo curioso es que el nombre de salicílico viene del sauce ya que fue de su corteza, rica en salicina, de donde se extrajo por vez primera.
Tiene también virtudes sedantes y antireumáticas, pero la otra que se le atribuye es la que nos interesaba hoy en esta etiqueta.

Calma la ansia y el fragor venéreo, diríamos remedando a los antiguos. Templa la calorina afrodisíaca y enfría los bajos humos, ¿los humos bajos?, vale.

No me extraña que se dejara de usar, si no bastaba con la inquisición y el gran camarillón ecuménico, como dice don Ramón el de Vilanova, encima pócimas antieróticas populares.

¿Si nos quitan eso y el morapio, qué nos queda?

Salut y força al canut. Mucho calor.

Barbarómiros.