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viernes, 2 de marzo de 2012

Moska Kogonera


Moska Kogonera


¡Pero hombre, meto una entrada con una foto vistosa, con un cuentín al casu después de dos días sin que tú des señales de vida y a la hora me colocas un texto, que además es la copia del comentario que me haces más abajo!
Me cerraste la ventanina de Geotropía donde aparecía la fotografía al poner eso delante. ¿Qué sentido estético y de la oportunidad ye el tuyo ?

 ¡Eres una jodida moska kogonera, qué me vas a contar de hospitales!...

Salud

Ramiro

Alta tensión


Oviedo 2011

Hay un momento en el que todos nos miramos con un odio profundo y concentrado.

Alguien había tenido suerte en la búsqueda, otro dió con algo valioso, yo hice el día.

Nos veíamos todas las noches en los mismos sitios oscuros, no hablábamos.

Creo que cada uno temía algo de los otros y no cruzábamos las miradas. Teníamos cuidado de no rozarnos.

Una noche los tres agarramos algo a la vez. Estaba borracho y cuando quise reaccionar los dos tenían sendas navajas abiertas en sus manos libres. Solté el botín.

Cinco minutos después lo recuperé.

Quedaron junto a uno de los contenedores donde cada noche, desde hacía un año, rebuscábamos comida, desangrándose, acuchillados entre sí.

No llamé a una ambulancia, no tenía móvil y la policía no atiende a pordioseros borrachos.

Iba cantando muy contento Pedro Navaja.

Ramiro el Monje


P.D. Javier Krahe, Los caminos del señor.


Salud y calor.

martes, 14 de febrero de 2012

Η μοναχική Ελλάδα, Grecia sola


No hay temperatura, sólo en Grecia

Active Member, Τι άλλο φοβάσαι, Tí alo fobase, ¡Qué más temer!...



 
Salud, Υγεία!

 
Μπαρμπαρώμιρος
Barbarómiros

viernes, 6 de enero de 2012

El carbón de la Epifanía


Roble entre encinas
León, invierno 2011

Dedicamos ya un espacio al picón, el carbón vegetal que las familias preparaban a finales del otoño para alimentar los braseros invernales.
Las primeras explotaciones de carbón mineral se abrieron con la revolución industrial a finales del siglo XVII en Inglaterra y a lo largo del siglo siguiente y aún en el XIX en el resto de Europa, hasta entonces era la leña y el picón el combustible.

Mencionamos allí a las piconeras madrileñas de las que nos habla Galdós, pero el fenómeno se daba en todas las poblaciones importantes cuyos habitantes no tenían acceso a la leña. De modo que el comercio de picón en los meses fríos era una fuente segura de ingresos para muchos leñadores y carboneros que bajaban del monte con su negra mercancía.

Así se da la figura en todo el país conocida por distintos nombres. No tener ni para picón en una vivienda del gélido invierno peninsular, especialmente el mesetario, era indicio de una pobreza extrema.

En Galicia a ese personaje, convertido ya en un símbolo del invierno y por ende de las navidades
cristianas, se le conoce por O Candilleiro, que enciende la candela y los candiles, y por O Apalpador.
La relación de su llegada con el carbón que los Reyes Magos traen a los niños que no se portaron bien, no está muy clara y tal vez sea un añadido reciente, porque el piconero era siempre bienvenido. Quizá pueda tener que ver con su aspecto bravo y oscuro, tiznado de negro, que aprovechaban los padres para asustar a los rapaces recalcitrantes, casi como un enviado de la oscuridade, del infierno, caliente según cuentan.

Del Apalpador hay una nana donde parece ser él quien evalúa si el niño come o no come, y se supone que merecerá o no regalos. A saber si no era el curandero de la aldea que auscultaba el atracón del probe guajín.

Vaite longo meu menino
marcha agora pra camiña
que vai vir o Apalpador
a palparche a barriguiña.

Roble. Invierno 2011

En Asturias hay una figura  en el occidente que se asemeja, aunque por el nombre y el lugar de la tradición parece tener más relación con la pesca de la angula que se sigue practicando en este tiempo. L´Anguleru.
Y en el oriente y en Cantabria tienen al Esteru, que recogía los haces de leña más fina para encender los fuegos, braseros, hogares, cocinas o chimeneas. En el Bierzo y en muchas regiones de León a estos hatos de leña o matorral de monte bajo, arbustos como las arduviejas, les llamamos fejes.

Pero quizás la figura más importante del folclore tradicional relacionada con los carboneros sea el Olentzero vasco, del que habla Caro Baroja entre otros, muy probablemente el origen del resto de personajes y que nace en el municipio navarro de Lesaka, muy unido a tradiciones de leñadores junto a los grandes bosques navarros.

El Tió es el personaje catalán homónimo que tiene, como el vasco, mucha relación con la madera y el carbón vegetal. Parece que es también el nombre que recibe un buen tronco semicarbonizado, de un tamaño que entre en el hogar para que sirva después de combustible. Algo así.

Había además toda una picaresca de robo de leña porque era entonces un elemento imprescidible sólo para sobrevivir. Creo que era Valle-Inclán quien mencionaba en uno de sus poemas ese pequeño hurto en los pinares gallegos, para alimentar el llar, incluso en las míseras aldeas donde el campesino apenas tenía para comer y vivir.
El picón se obtenía quemando la leña a fuego lento y baja temperatura (unos 500ºC) con el oxígeno justo.
Los protagonistas que tratamos aquí tenían también relación con los frutos otoñales y al tiempo que piconeros ejercían de castañeros, noceros..., ¡y hasta de seteros!, o se asociaban a las fechas de aparición y más consumo de esos frutos y eran por tanto sus paladines.

Imagino que son algunas ideas generales que pueden rastrearse en la red, aunque yo he improvisado y no aseguro ser todo lo fiel que un mejor conocimiento del tema me permitiría. Valga pues sólo como la introducción de un simple aficionado.

Se me ocurre que en tiempos difíciles no debía de ser tan mala cosa que los Reyes Majos, el Olentzero o el mismo Pedro Botero trajera carbón a la familia, desgraciadamente para muchos el hambre y el frío siguen siendo compañeros inseparables de su pobreza.

Salud y calor 

 Ramiro.

miércoles, 4 de enero de 2012

La solana



León , diciembre 2011


Buenos días. No tenía previsto entrar hoy por falta de tiempo para escribir, pero la foto me ayudará a no sentirme culpable por ver ya dos días de ausencia en la imagen que sale del blog en Psilicosis.

Trataré de hablar de este tema con más extensión en otro momento. Hoy sólo recordar que estos espacios soleados que reunían a veces en el invierno y en otras épocas frescas del año a las personas, mujeres sobre todo, y niños pequeños que aún no iban a la escuela, pero también ancianos, donde se ventilaban noticias mientras se cosía, se desvainaban unas alubias o se arreglaban las madreñas, son ya lugares del recuerdo.

Doy por hecho que en pueblos pequeños de toda la península se sigue conservando la costumbre, pero cada vez menos. En muchos sitios las solanas estaban en las plazas, pero cada lugar abrigado y soleado podía convertirse en un espacio comunitario. Tres o cuatro vecinos charlaban amigablemente sentados un ratín al sol en una rinconera o junto a una pared caldeada.


Era también otro el ritmo de la vida.

Salud y calor. 

Ramiro.
   

lunes, 26 de diciembre de 2011

Copaso



Falta el verde


De un extremo al otro, del hielo al fuego, de España a Grecia, de la vida a la muerte. Ronco, oliendo a esencia de trementina y tomillo, aguarrás y monte, un saludo libertario:



¡¡Salud,  Υγεία!!


Ramiro

viernes, 23 de diciembre de 2011

Sauces


Sauce. El Güelmo. San Justo
León 2011


El sauce autóctono es el blanco, que se cría al lado de los ríos, lagunas y humedales, al borde mismo del agua y con frecuencia medio sumergido. Pero estos llorones se adaptaron divinamente hace muchos años a nuestros jardines, céspedes y arboledas civilizadas.
Y escaparon al control en ocasiones, no tanto sin embargo como otras especies foráneas introducidas bastante a lo loco.

Hubo un tiempo en que estuvieron tan de moda que parecían muy capaces de acabar con la poca atención que nuestros árboles de sombra merecían a los urbanistas y paisajistas del reino.
Hay que reconocerles una belleza más espectacular que la de los discretos sauces blancos. Y tienen esa aureola romántica Watteauniana con columpio o hacen pensar en la familia feliz, cobijada bajo su sombra, en un picnic con mantel de hilo sobre la hierba (los pobres de periódicos).

Pero los árboles son inocentes, como el invierno.

León 2011


¿Porqué el sauce en Geotermias?

En primer lugar porque es uno de los remedios tradicionales contra la hipertermia, la fiebre, sustituyendo incluso a la quina en el tratamiento de la malaria si bien su uso, la corteza sobre todo, como el de tantas plantas, ha desaparecido practicamente. Y es que le salió el peor competidor que pueda tener un remedio o medicamento: la aspirina.
Lo curioso es que el nombre de salicílico viene del sauce ya que fue de su corteza, rica en salicina, de donde se extrajo por vez primera.
Tiene también virtudes sedantes y antireumáticas, pero la otra que se le atribuye es la que nos interesaba hoy en esta etiqueta.

Calma la ansia y el fragor venéreo, diríamos remedando a los antiguos. Templa la calorina afrodisíaca y enfría los bajos humos, ¿los humos bajos?, vale.

No me extraña que se dejara de usar, si no bastaba con la inquisición y el gran camarillón ecuménico, como dice don Ramón el de Vilanova, encima pócimas antieróticas populares.

¿Si nos quitan eso y el morapio, qué nos queda?

Salut y força al canut. Mucho calor.

Barbarómiros.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

En el calabozo con calabozo


Psiquedelia infernal
León, otoño 2011


Paz, hermano. De mano.

Contesto a tu atenta del 20 de los corrientes, dios mediante.

Está bien eso de Chumbarba, chumbera y barba. Porque eres algo Brusko, ríspido y pinchudo. A mí me gusta mucho Arrayán como le llaman por el sur, palabra mora. Pero reconozco que es más onomatopéyica Rusko, y lo es mucho porque arrayán tiene dos erres y rayan. Y la vuestra más graciosa, no la conocía.

Hombre ya sé que el tiempo no es el infierno, ¡peleonín!, ya digo que el infierno es la realidad que soportamos. Pero no era ni chiste sólo un salto de letras. Es el transporte o metáfora, siempre. Repito algo que hice en una calamitosa exposición invernal en la época de la llamada 2ª Guerra del Golfo (de los golfos...).
Los muy finolis pronunciaban la v como una f suave, Grrraznar y señora entre ellos. Nosotros matamos fino fino. Por botellas.

Pero aprovechando el tirón del infierno voy a darte candela, si te dejas, ya que me maltratas maleyéndome, ¡porque andas con la picha fuera como una moto y no te paras!. Y eso que vives o trabayas en un Paraíso según tu relato. Si no imaginara cómo es pensaría que no falta nada para una escena bucólica con flautín pastoril, pífano y coro de calabozos.
Las almas de los bienaventurados no levitan, se reúnen en torno a una fogata para darse calor, se frotan las manos y miran cómo los humanos nos helamos en un invierno perpetuo.
Pero ésa es lírica Olímpica. En fin, que comprendo también que estás transportista o metafórico como yo. Algunos dicen que el infierno está helado.

¿Qué ye eso de que el infierno está en nosotros? ¡Ahí sí que hay tela! Hay otros mundos pero están en ti. Sobre lo interior y lo exterior todavía no se terminó de debatir. Como del bien y el mal.
La síntesis que significa el materialismo para resolver el problema de los contrarios existe en el plano teórico, apenas lo conocemos y las intuiciones personales no son suficientes. A menos que te me hayas vuelto budista de golpe o maniqueo de libro. Que siempre sería mejor que cristiano pero que no nos sacaría del catecismo o de la fe.

La poesía, el arte, el marxismo o la ciencia creo que intentan lo mismo por distintas vías.


Rojo putero -3
Otro infierno

Lo de los calabozos tiene su coña también, porque tú hablas con segundas -acepciones- pero no se te escapa la primera. Me gusta esa aplicación de la palabra menos frecuente. Este rollo me ha hecho cambiar el título de la entrada que iba a ser Arrayán invernal, infernal en primera instancia.

Pero yo, antes que nada quería un rojo violento que diera calor, cuestión de magia simpática: si lo miras durante un rato fijamente entras en calor, con calma, ya noto un rubor en las mejillas, como delante de una hoguera..., ¡el infierno está en mí, colega!.

Muy guapa la música, ¡lástima no poder oírte al chiflu!.

¡Anarquía y un polvete cada día! (los que puedan).

Salud y calor.

Skylorómiros Mavropradakos.
.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Infierno



Asturias 2011

Este es el panorama del tiempo, de hecho ésas cuatro hojas desaparecieron con el viento de estos días, que casi llegaron a alcanzar los 200 kilómetros por hora. Y el que no es atmosférico pasa como un vendaval. ¿O fue ayer?...

Por eso no habrá más. No sé que ha sido del gran Lucas, si seguirá en Hervás o andará ya pateando "stous dromous tis Athinas", por las calles de Atenas,  como canta Kylaidonis.

Quise colocar otra foto de mucho color rojo, para que nos diera la lumbre que nos falta, pero no nos engañemos, ésta es la realidad, mejor dicho, es aún más gris.

Yo sólo quería desearos salud y calor humano y no el del infierno, en el que ya estamos.

Sirva como despedida del año y bienvenida, pese a todo, al que llega.

Ramiro.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Καλό ταξίδι!


San Justo de la Vega
 Otoño 2011



Καλό ταξίδι, φίλοι μας! ¡Buen viaje, amigos!

Salud y calor.

Barbarómiros.

P.D. Ahí te dejo el Marchas amigo, Έφυγεσ φίλε, ο Καζαντζίδις 



Γεία σας!

viernes, 18 de noviembre de 2011

La capa del pobre


Grecia, agosto 2011



Eso es el sol según el saber popular que es la experiencia, y también dice que donde no entra el sol entra el doctor.

En efecto, como escribió Lucas ayer, el sol siempre está ahí, incluso cuando no está y ya se sabe que para que haya sol y putas no hace falta hacer rogativas.
Sin embargo no siempre calienta a todos por igual, ni siempre lo hace con la misma fuerza.
Dejando la metáfora social y ciñéndonos al ciclo de las estaciones y al paso de los días, el sol que hemos tenido en noviembre, si fuera acompañado en abril por sus aguas mil, sería señal de buenas cosechas estivales, a menos que el pedrisco haga su  propio agosto antes o después de lo previsto.

Las predicciones populares son empíricas y generales, y normalmente no pueden emitir pronósticos tan certeros como los de la moderna metereología.
Pero, en definitiva, sea por experiencia o con la ayuda del anemómetro, lo cierto es que los vientos estacionales, los castañeros por ejemplo, se repiten en fechas señaladas que no varían demasiado de año en año. Otro tanto se puede decir de la lluvia u otros meteoros.

De vestirse con la capa del sol saben mucho los pobres porque otra no se pueden permitir.

Baños de sol le llaman los naturistas, a lo que para ellos es un método curativo, en combinación con la hidroterapia en bastantes casos, pero tomándolos poco tiempo y muy progresivamente. A partir de ahí desembocamos en la histeria playera contemporánea, en la moda del cobre, de la morenez extrema, de la carne a la parrilla, responsable del aumento escandaloso de epiteliomas.

El sol tibio de mediados o finales de noviembre puede ser tan dañino como el de Julio si nos exponemos a él inmoderadamente.
Este otoño hemos tenido en Asturias muchos soles tempraneros que presta aprovechar, pero que tampoco gozan de buena prensa entre los sabios de la boina porque dicen, y aquí estaría dispuesto a firmar, que de sol madrugaor, mozu rezador y vieyu muy cortés líbrenos Dios de los tres. No acertarán con el sol pero seguro que sí con el meapilas y el pelleyu.

Y termino con un consejo psilicoso gratuito para pequeñoburgueses en quiebra o tiempos de crisis:


Si en rojo tienes la cuenta
ponte al sol que más calienta

Salud y calor.

Ramiro.

P.D. Postre musical a cargo, creo porque aquí tiene la voz menos rota, de Sotiría Belou, una de las grandes rebétissas del genero, en una canción que han interpretado muchos cantanten, Kazantzidis por ejemplo, una de las mejores versiones, otro mérito para él que con esa voz descomunal no es el rebetis que más nos gusta, o las del propio autor Vasilis Tzitzanis.
En cambio la eubiota Sotiría, nacida en Orzonas un pueblo al norte de Petriés, el de mi amigo el fotógrafo griego Giannis Tzakós que tenemos entre los favoritos en Psilicosis, es la Belou junto con el siriota Bambakaris, una de las voces más personales y apropiadas para la rebétika. 

La canción se titula Sinefiasmeni kiriaki, Domingo nublado:


Geia sas!


viernes, 11 de noviembre de 2011

Sol, solet



Oviedo 2011

Sol, solet, vina´m a veure,
vina´m a veure;
sol, solet, vina´m a veure 
que tinc fret.

Sol, solín, ven a verme,
ven a verme;
sol, solín, ven a verme
que tengo frío.

Es una canción tradicional catalana que Pau Riba grabó en 1975 para su disco Electroccid Áccid Alquimístic Soc, Soy un alquimista electroácido.

Entonces el rock layetano, y el jazz-rock, habían demostrado ya su poderío con bandas como la Mirasol, la Companyia Elèctrica Dharma o Iceberg, y músicos que saltarían a la escena nacional como Max Suñé o Kitflus. Y el Jaume Sisa era ya el payaso divertido que siempre fue. El futuro Ricardo Solfa.
Escuchábamos también a los gerundenses Atila y aquella canción Visca Catalunya, que tanto nos prestaba, interpretada en un cresccendo con toda la pasión de los tiempos preautonómicos y predemocráticos, cuando Paco aún vivía.

El disco de Pau se grabó entre mayo y junio. Nadie sospechaba, en ese momento, que no saldría el sol hasta el 20 de noviembre, un sol ya fatigado y tibio, no obstante, de finales del otoño. Eran ya muchos años de crudo invierno, incluso en pleno agosto.
Salió, sí, y quiso calentar, nos amontonábamos en las olvidadas solanas de antaño para verlo y disfrutarlo. Pero fue un sol ruin como la vida ruin y sombría que se acababa de apagar.

No hemos conseguido restañar ninguna herida. No dimos tiempo a que se secaran, las postillas ahí siguen y algunas supurando. Somos tan cainitas como de costumbre. Qué curioso, por esos tiempos Pau le puso a uno de sus hijos, que lleva ya años haciendo música también, Caí (Caïm?), Caín. ¡Eso es maniqueísmo bien entendido!. Y buen humor. Y en catalán suena mejor.

Ahora, en un lenguaje más sutil y perverso, nos amenazan con nuevas sombras, a toda Europa otra vez, con una guerra sorda que acabe por hambre con los resistentes. Pululan los colaboracionistas. Porque nuevamente la política traiciona los ideales humildes de la mayoría vendiéndolos al mejor postor.  Se disponen a aplicarnos, ya empezaron, una especie de invierno permanente en el que el solet será propiedad de los especuladores.

Sol, solet, ven a vernos, caliéntanos el corazón, ¡o que se hunda el misterio!

Salut y calor.

Ramiro.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Amagüestos y castañeras


Asturias, noviembre 2011

O castañeros, no me refiero al grupo de castaños, castañeda, castañeu, castañeira, castañar, ni a los cosechadores, los que apañen les castañes, sino a quienes las venden ya asadas.
Los amagüestos son las celebraciones de la cosecha de la castaña que, en algunas regiones en otros tiempos, constituían una de las bases de la alimentación humana y animal. Donde el castaño es rey, sobre todo en el noroeste y la cornisa cantábrica. También en zonas del sur, desde luego.

En Asturies se mantiene  muy viva la tradición del amagüestu porque coincide con el mayado de la manzana y la disponibilidad de sidra dulce, ¡zumo natural de manzana sin fermentar, glikó glikó!, con lo que se enriquece notablemente el valor organoléptico, como dicen los gastrónomos, del evento degustatorio castañil.
Creo que la confluencia  mística de ambas delicatessen, delicias astures, hace del amugüestu asturiano el más rico del país, modestamente. Bocatto di cardinali. Marron glassé del instante.

Soy de una tierra, el comienzo de la meseta, donde escasean estos poderosos árboles que están desapareciendo también de su nicho natural, abandonados, enfermos, malogrando sus cada vez más escasos frutos para el engorde de jabalíes libertarios, que mueren obesos de vieyos porque sólo los puden matar los cazadores con pasta.

En todos los pueblos que rodean Astorga y la vega del Tuerto, ya en la meseta, que cuenten con algo de monte, encina y roble, hay castaños de muestra, pero satisfacen apenas el consumo de algunas familias y su ausencia o escasez explica también la falta de tradiciones en torno a la castaña.
Pero somos vecinos, el norte de León donde hay más, de los asturianos y, en el oeste, la Cabrera y el Bierzo, que yo llamaba Castañierzo precisamente por su abundancia, de Galicia que, con Asturias creo que son las zonas más castañeras de la penénsula.
Por abajo no los encontramos en abundancia hasta el sur de Salamanca y el norte de Cáceres, pero de esas regiones no soy geomántico, no las conozco lo suficiente. Que me desmienta y me ayude mi amante amigo Carlos el bolche.

Los primeros amagüestos que viví fueron los bercianos. En primer lugar la recogida era una labor que implicaba a todas las familias. Se iban cosechando y consumiendo ya desde que empezaban a caer en octubre, pero el fin de semana clave todo el pueblo estaba entregado a ese menester. Olían las calles a castaña, un pueblo minero del alto Bierzo donde el olor dominante durante todo el año era el polvo de antracita, y eso que lo rodean montes de retama, urz, piornos como les llaman ellos y toda la gama de aromáticas, oréganos, tomillos, lavandas...
Se conservaban en el lugar más seco del desván, o en los hórreos donde los hay, extendidas para evitar pudriciones. Así llegaban hasta el verano. Una vez secas, muy duras, se llaman pilongas.

Las pilongas conservan todos los azúcares y gran parte de su poder nutritivo. A los niños nos daban un par y las chupábamos como si fueran caramelos  hasta que se hablandaban y las podíamos masticar. Eran una golosina y un alimento.
Pero la importacia de la castaña  en la alimentación humana es más que un juego de niños. Al principio, lozanas y cargadas de humedad, se consumían crudas y ante todo asadas. En el monte o el patio de casa en una hoguera de leña, y en el interior en la cocina de suelo, el hogar de la matanza, en el horno de las cocinas económicas de hierro o directamente sobre la chapa de éstas, a menudo cubiertas con la tapa de una cacerola. Y cocidas.

Durante todo el invierno y parte de la primavera muchas personas cenaban castañas cocidas. Recuerdo todavía, aquí en Asturias, a Jesús, el abuelo de mi amiga, a finales de los 70 y hasta el 90 que murió con  91 años. Vivió solo desde los 60. Durante esos 30 años, y sospecho que antes también, cenó cada noche una potina de casteñes cocíes y un tazón de leche fresca. De finales de octubre hasta mayo.

Los excedentes  los aprovechaban los gochos directamente. Nada se perdía porque hasta los erizos/oricios se aprovechaban para encender o alimentar el hogar.

Y vuelvo al Tuerto y a los castañeros. Con madre berciana mi familia traía les castañes de su tierra y hacíamos el amagüesto en el monte en una fogata de leña. El resto del invierno en la cocina, y cocidas enteras, con corte, no peladas como las hacía Jesús y en Asturias en general. Con un puñadín de sal.
Pero lo prestoso era comprarlas al castañero, Riancho, que era heladero por el verano, y muy bueno.

En invierno algunos días salíamos del instituto ya de noche y marchábamos a los pueblos vecinos en bicicleta. Hacía un frío mongol. Por dos pesetas te daba un cucurucho de papel con 6 u 8 castañas que las metías en el bolsillo y llegabas a casa con las manos todavía calentinas y el sabor seco, fragante y tostado en la boca.
Riancho las asaba en una de aquellas locomotoras negras que imitaban a las máquinas  de vapor antiguas del ferrocarril. Tenían bandejas a distintas alturas de las brasas según el grado de tueste. Y un reservorio para que las ya hechas se mantuviaran calientes sin perder más agua.
Todavía se ven, aquí en Oviedo incluso. Donde, por cierto, las primeras castañas que llegan de venta al público suelen ser las bercianas, región que ha conservado con Galicia las tradiciones,  porque cuidan las castañares, y ellas les reportan un beneficio apreciable, en estos tiempos de penuria más necesario.

La mayoría de las labores del monte, el picón, la recogida de leña como combustible, las castañas o las bellotas, se han ido abandonando, con lo que el monte no se limpia y el matorral ha ido invadiendo las tierras que hasta ayer fueron productivas. Los fuegos se multiplican y desertizan el territorio.
Acabaremos esfocicando y focicando como gochinos buscando les castañes si el hambre aprieta, pero ya no quedarán castañeos, nin castañes...

Salud, calor y castañas.

Ramiro.

lunes, 31 de octubre de 2011

Veranillo de San Martín



Salchichón ibérico



San Martín de Tours, nacido húngaro en el S.IV, fue soldado en las legiones de Juliano el Apóstata antes que obispo.  Es el santo que partió la capa para vestir a un mendigo, con lo que los dos quedaron con el culo al aire. Un prodigio divino hizo subir la temperatura para echar una mano, no al culo, sino a las hemicapas.

El veranillo se refiere a los tres o cuatro días de sol que suelen disfrutarse en torno al 11 de noviembre, festividad del santo. Soplan vientos calientes del sur, los Castañe(i)ros, que terminan de limpiar de castañas y hojas a los árboles.
Pasada esa corta bonanza empieza el frío, las heladas y nieves ocasionales.

Y con el frío comienza también la matanza del marrano, porque es un elemento vital para la curación de la carne. Por eso Martín es también patrono de las matanzas.

Pero aquí es preciso hacer una salvedad importante. En Zamora, León, zonas de Palencia, de Asturias y en Galicia, todo el noroeste de la Penénsula y sospecho que en tiempos anteriores en más lugares, se festejaba a otro Martín, San Martino y Martiño, santo leonés del XIII que se celebra el 12 de enero, cuando ya las nevadas y heladas han blanquedo y endurecido suficientemente el paisaje y el terreno. Allí son más frecuentes las matanzas en diciembre o enero.
De hecho el refrán que todos conocemos es diferente, A todo gorrino le llega su San Martino/San Martiño, se dice. Y se sigue llamando el Sanmartino/iño a toda esa labor tradicional cada día más rara.
Sin embargo en Asturias el refrán recoge también la del santo de Tours,  A tou gochín llégai el so Samartín.

Las variantes regionales y locales son muchas.  A cada gorrín le llega su San Martín lo traducen los ingleses por, To meet one´s Waterloo, donde también los compatriotas del de Tours tuvieron mucha sangre que embutir.

Salud y calor.

Ramiro.

viernes, 28 de octubre de 2011

Fosas muy comunes



La vergüenza


Este es un asunto demasiado doloroso para mí.

En aquel, en ese claro de las encinas con doce personas, no salen los Boletus, Amanitas o Russulas que brotan en otros del mismo monte, sino setas negras no comestibles que enseguida pudren y que yo, tan amigo de estos detalles,  nunca he querido saber de qué raza son. Salen en más lugares, no es cuestión de metafísica o brujería.
Hace unos cuantos años que las familias de Valderas sacaron los restos, antes de todo este forfogón de la Memoria Histórica.

El claro es circular, de unos siete metros de diámetro, con una entrada cómoda. Un espacio de unos 8 metos cuadrados en el centro estaba siempre agrietado y hundido, y en la superficie se podían ver algunos huesecillos, problablemente de las falanges de manos y pies.
Después de sacar los restos el terreno de ese lugar sigue hundido y salen las mismas setas.

Aquellas familias sabían dónde estaban enterrados sus parientes, pero muchas, como la mía, no lo saben todavía.
Yo no soy creyente y dejaría descansar a mi abuelo Ramiro donde estuviera, aunque si mi madre quisiera enterrarlo en un cementerio yo la apoyaría totalmente..., si lo encontráramos, y se lo permitieran. ¿Quién le negaría ese derecho?
Sé que la mayoría de las familias sólo quisieran recuperar los restos para enterrarlos como a personas y no como a perros, y a otras muchas les bastaría con saber dónde están.  Todas sabemos que la justicia es una quimera, aunque las víctimas merecerían, cuando menos, que se sepa la verdad ya que la justicia no es posible.

El interés revanchista, tan imposible de que se dé como la justicia, es nada comparado con el cainismo y la mala conciencia de quienes, de una u otra manera, se sienten culpables y quieren echar más tierra encima, con frases bien gráficas, "no revolvamos más la mierda". Y ellos lo saben, el nivel de cinismo es increíble, hasta en izquierdosos.

Como en la chimenea del picón, tapar, que salga humo pero que no se vea fuego.

Con mentiras y cobardía no se construye nada grande. Y la historia que contemos a nuestros hijos será una mierda, porque nosotros somos una mierda.

Salud y calor.

Ramiro.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El río



Grecia 2011


Salíamos del agua como si fuéramos antorchas humanas, de la evaporación, por la diferencia de temperatura con el exterior.

Alrededor de las ocho de la mañana, en invierno, dos veterinarios de Astorga, mi padre y yo, que tendría 16 ó 17 años, nos metíamos en el agua del río Tuerto desnudos, dábamos un corto nado y salíamos a la escarcha del suelo y al bajo cero de la atmósfera. Echábamos una carrera  para calentar y sacudir el agua y las huellas en la escarcha humeaban también. Algunos días hubo hielo en las orillas del río. Pero entrábamos en calor rápidamente.

Empezamos a bañarnos en el verano y seguimos haciéndolo todo el año, incluso los días que nevó. Baños muy rápidos, entrar y salir, pero todos los días. Uno de los astorganos se rajó en enero, cuando ya había pasado lo más difícil. Fue el único que cogió un catarro ese invierno.

Después del baño desayunaba e iba al instituto en bici y con varios grados bajo cero sudaba.

Mi padre se había curado de tuberculosis en los años cuarenta, antes de la penicilina, con tratamientos de hidroterapia de ese estilo.
Puedo asegurar que es un recuerdo inolvidable que es lástima no haber repetido, y que aconsejaría a quien tenga fuerza o voluntad y desee fortalecerse. Pero ha de hacerse como expliqué y en presencia de alguien, porque, como todo, tiene sus riesgos: puedes quedar petrificado en hielo y ¡a ver quién lo rompe!... .

Al año siguiente nos rajamos los cuatro allá por los Santos.

Salud y calor.

Barbarómiros.

martes, 18 de octubre de 2011

Picón



Roble


En cierta ocasión, tendría unos cinco años, a finales de otoño, nos dijeron que íbamos a ir al monte a pasar el día. Sólo quedaron en casa los más pequeños. En total entre niños, adolescentes y personas mayores seríamos unos doce o catorce.
A los menores nos subieron a la tartana de mi abuelo, con un toldo cilíndrico como los del oeste americano, junto con la comida y bebida para toda la jornada, las sierras, hachas y demás útiles del leñador y el piconero. El carro estaba ya  casi en desuso desde que abandonara los caminos más largos de León repartiendo el chocolate familiar que fabricaban.

Mis tíos y mis padres  distribuyeron el trabajo de cortar la leña de roble y encina, preparar la chimenea y encender el fuego para  calentarse y cocinar. A nosotros nos dejaban las tareas sencillas del transporte de la poda fina y la selección de las ramas menos pesadas de acuerdo a su grosor. Era un juego.
Debimos de comer muchísimo porque el apetito se despierta trabajando en el campo. Y a un niño más. Recuerdo haber estado sentado varias veces en unas piedras que colocaron entorno a una fogata cerca de la chimenea, donde comíamos.

Entonces todavía se hacían aquellas grandes montañas comunales de leña, en capas circulares superpuestas, que aparecen en la película de Armendariz, Tasio. Era la cosecha de picón, el carbón vegetal que alimentaría los braseros de las casas en el largo y frío invierno mesetario.  En el curso del día se iría transformando en un túmulo humeante y,  llegada  la noche, en un fantástico,  palpitante hormiguero de fuego lento,  interno,  y chispas que salían de la chimenea entre el humo contenido de toda la masa viva respirando como un animal.

Cayó la noche misteriosa y la gran sorpresa: los más jóvenes, dos primos unos meses más pequeños y yo, dormiríamos en la tartana, porque los adultos debían vigilar permanentemente el horno hasta el amanecer. Ya estábamos en el regazo de nuestras respectivas madres, tapados con mantas  y así tal cual nos llevaron al carro.
Yo protesté diciendo que quería quedar con los mayores, que no tenía sueño, y era verdad, estaba escepcionalmente exaltado y podía sentir el rubor del calor del fuego en la cara y el brillo, común a todos los niños, en los ojos maravillados. ¡Era un espectáculo!
Pero de nada me sirvió.

Nos dieron un beso y nos dejaron allí. Al momento mis primos dormían como benditos, pero yo estuve paralizado de miedo mucho tiempo. Sólo me consolaban las voces y las risas un poco lejanas de mi familia y el resplandor de la fogata que llegaba a través del toldo como un halo rosado que parecía encenderme y calentarme la cara.


A unos veinte metros de la tartana había un claro de esos que hacen las encinas, donde se pueden encontrar setas, Boletus y Amanitas Cesáreas para comer, pero también Muscarias para alucinar o Phaloides para morir.
"Círculos misteriosos de los adolescentes"  se titula el 2º movimiento de El Sacrificio, de la Consagración de la primavera de Stravinsky. ¡Oh bosques y espesuras/  Plantadas por la mano del Amado!, dice san Juan de la Cruz. La Piconera de Julio Romero y las piconeritas del Madrid galdosiano. Corra de brujas buenas, de las que hablaba Roidis.

Yo sabía que  en ese claro había una fosa común con doce personas, republicanos de Valderas que habían sido "paseados", torturados y asesinados  por falangistas durante la guerra civil, y enterrados allí.

Entonces era obligado ir a misa  los domingos y fiestas de guardar.

Salud y calor.

Ramiro  R . P.

martes, 11 de octubre de 2011

Ventana abierta



Nikos Xylouris, érase una vez


Ena paráciro anigtó stin liakada, Una ventana abierta a la luz del sol, canta Nikos Xyloúris en un trabajo de Jristos Leontís, sobre los versos del Kapnismeno tzoukali, Olla ahumada, escritos por Yiannis Ritsos en su exilio de Kondopouli,  Limnos, y traducido aquí creo que por Luis de Cañigral, aunque yo nunca tuve en mis manos la traducción completa del libro, ya me fastidia.

Ritsos recita también esos versos con una sencillez y un comedimiento muy alejados de muchos de nuestros poetas. Y sin renunciar al entusiasmo de unas  pocas palabras o a la ironía triste del Jamoyelame, Sonreímos... . No hay teatro. El mínimo. El sol entra por la ventana y el Avra, la brisa  marina de la mañana.

Una ventana que me acaba de abrir  Carlinos y a la que espero poder asomarme más de una vez, ¡que la Santa Constancia me asista! Gracias Lucas.

Salud y calor.

Ramiro.

- Sin tu permiso, Ramiro:

aquí está, Xilouris