viernes, 27 de abril de 2012

Salamanca la Blanca, versión apócrifa del abuelo


Salamanca, la blanca
(charrada tradicional original)

 Salamanca la blanca,
 Salamanca la blanca,
 ¿quién te mantiene?
¿quién te mantiene?

  Cuatro carboneritos,
  Cuatro carboneritos
  que van y vienen.
  que van y vienen.
 
  Cómo quieres que tenga,
  cómo quieres que tenga
  la cara blanca,
  la cara blanca,

  siendo carbonerito,
  siendo carbonerito
  de Salamanca,
  de Salamanca,

Salamanca la blanca
  ¿Cuándo volveré a verte?
Mi Salamanca,
Mi Salamanca!

ESTRIBILLO
  Mozos de mantilla,
  mozos de montera
  estos cuatro charros
  son de Macotera
 
"El todoterreno"
(versión apócrifa adaptada por el abuelo para su nieto)

Manuel Martín Herrero
Manuel Martín Herrero
Ay, qué bien juega
Ay qué bien juega

Ni siquiera Ronaldo
Ni siquiera Ronaldo
mete más goles
que tú en la puerta

Cómo corres la banda
Cómo corres la banda
y cómo centras,
y cómo centras

Manuel Martín Herrero
Manuel Martín Herrero
mete más goles,
Sergio le centra

ESTRIBILLO
Llevas un escudo
del Real Madrid
como Iker Casillas
y como Higuaín

Referencia literaria 
Una de las versiones más interesantes de nuestra seguidilla es la que el gran maestro de la prosa en español, Rafael Sánchez Ferlosio, engastó y comentó en su novela Industrias y andanzas de Alfanhuí: 
En marzo y abril comenzó la abuela de nuevo con sus fiebres y sus tareas, y en mayo, las botas del abuelo volvieron a las arcas. Alfanhuí se calzó las alpargatas de caminante y partió sus dineros con la abuela:

–¡Adiós, abuela Ramona!
Alfanhuí tenía ahora el verano y el camino delante de sus ojos y pasó las montañas hacia el norte, a Castilla otra vez. Los caminos estaban poblados de pájaros y de caminantes. De los primeros segadores que bajaban del norte, a las cebadas tempranas; de carros de bueyes o de mulos, que paraban en los mesones de la carretera con sus cargas de carbón de encina o de alcornoque. Y esto ya lo decía un cantar:
Salamanca la blanca,
¿quién te mantiene?,
cuatro carboneritos
que van y vienen.
Los carboneros eran tímidos y cortos para contestar, y por andar con lo negro y porque nadie les robaba la mercancía, se sentían menos que ningún hombre. Formaban en los mesones su grupo oscuro en un rincón, o si había otros caminantes, se salían al sereno a fumar y a mirar la luna sobre la carretera. Las mesoneras echaban el vino con desprecio, porque en el verano todos los pobretones andan sueltos por los caminos. Tampoco los segadores eran gran cosa para las mesoneras, aunque venían de más lejos. Toda era gente dura que no pedía más que vino y pagaba lo justo y traía los huesos hechos a no pedir camas ni melindres.



Además, y desde que, a partir de los inicios del siglo XX, se fue desarrollando un movimiento de recuperación, de exhibición en espectáculos públicos y de explotación comercial de los cantos folklóricos (regionales, solían llamarse) que llevaron a cabo los que fueron denominados grupos de coros y danzas, y también las Misiones Pedagógicas de la República y la Sección Femenina franquista, la vieja canción de Salamanca la blanca ingresó dentro de ese tipo de repertorio, que ha acuñado versiones vulgatas, inmutables, clónicas (distintas de las verdaderamente tradicionales, en permanente cambio y evolución) que son las que hoy más se conocen. En la actualidad, la canción forma parte, también, del repertorio de diversos grupos de folk (sobre todo de la región salmantina, que la ha casi adoptado como himno oficioso) que la cantan sobre los escenarios y la registran, distribuyen y comercializan –acuñando versiones igualmente vulgatas– en soportes sonoros que llegan a alcanzar regular difusión.

Fte: Revista de Folklore, nº 320, año 2007, pp. 39-41