miércoles, 9 de mayo de 2012

Inexorable Fidel


Inexorable
Esta palabra habla de cierta decisión que no va a ser modificada de manera alguna, no importa cuánto se ruegue al que la adoptó.
La palabra proviene del latín inexorabilis, un adjetivo que se aplicaba a aquel a quien no era posible conmover mediante ruegos ni oraciones porque era absolutamente inflexible. 
Veamos cómo está compuesta: orabilis es en latín "aquello que es posible pedir". 
Si se le añade el prefijo ex-, tenemos el vocablo exorabilis, que significa "que puede ser disuadido mediante ruegos", y también "que se deja corromper o sobornar". 
Inexorable sería, pues, aquel que no se deja convencer, que no es exorabilis. 
Horacio usa inexorabilis auro para denotar "que no se deja convencer por el oro".
Cabe añadir que orabilis proviene de orare 'rogar', 'pedir', 'solicitar', que se derivó, a su vez, de oris 'boca', presente también en oral, oración, orador, perorata y hasta en la palabra oráculo (de la pitonisa). 

Fte; La palabra del día

martes, 8 de mayo de 2012

¿dónde está el jodido botón?

Debajo de un botón que tenía Martín tin-tin, interpretado en canon. Vamos entrando uno tras otro


domingo, 6 de mayo de 2012

Churí, churí, república de Nabalsaz

Panorámica de Nabalsaz desde el alto del hayedo bajero (a la izquierda) y la peña Isasa, al fondo
Nuestras primeras experiencias autogestionarias, si bien limitadas, discurrieron por Nabalsaz.
Esta población quedó deshabitada aprincipios de los 70, creo. A principios de los 80 ya empezamos a abrevar por aquí, malamente se podía llegar en coche, pues la pista estaba en muy mal estado. Veníamos andando desde Enciso, donde nos dejaba el autobús que íba para Soria.
Aprovechábamos la casa cerrada de los parientes de César, éramos los reyes del mambo en el pueblo deshabitadao. Jugábamos a pelota, haciamos fuego en la plaza del pueblo por las noches, íbamos a por agua o a por leña, cantábamos, hacíamos el rancho y marchas por los alrededores, incluídos otros pueblos deshabitados. Por la mañana venía el tío Vale a despertarnos con las ovejas a la plaza del pueblo... 
También coincidió con el nacimiento de nuestra tierna conciencia política. El local del ayunatamiento fue rebautizado como "Casa del Pueblo" y así se dejó escrito en su fachada durante muchos años. Un pueblo sin pueblo, toda una paradoja. La cancioncilla, de autor por mí desconocido aunque sospechado, era esta, al menos el estribillo que recuerdo, también su música con cierto aire de zortziko:

Churí, churí,
República de Nabalsaz,
Venid, venid,
la fábrica os va a matar

Casí 30 años más tarde, la fábrica ha abandonado a los que emigraron para trabajar en ellas en Arnedo, Logroño o Calahorra. Conté por encima más de 20 antenas parábólicas en los tejados del pueblo al que se llega ahora por una carretaera asfaltada, convertido ya en una barriada rural de segundas residencias. De los pocos que aquí se han quedado fijos, ya lleva más de 25 años, está Antonio el artista, uno de los hermanos mayores de César, neorrural de primera hora. En las antiguas escuelas de Nabalsaz está su estudio, lindero con su casa: nos mostró alguna de sus últimas creacciones.

 

 














Una de las excursiones clásicas del grupo era ir al hayedo de Poyales, un lugar encantado. En junio, cuando ya nos habían dado las vacaciones en el instituto regresaban también a los pastizales de las cumbres las ovejas que habían pasado el invierno en el valle del Ebro, las que hacían la trasterminancia sin salir de La Rioja. En cambio, las del vecino pueblo de Valdemoro, hacían un recorrido bastante más largo junto con los demás rebaños de la Tierra de San Pedro de Manrique, que como todo el mundo sabe tiene 25 aldeas, casí todas despobladas. Estas, miles de ovejas, se juntaban en Oncala, cabeza de la partida, para ir hasta Extremadura recorriendo toda Castilla por la Cañada Soriana Occidental. En la iglesia de este pueblo se conservan forrando sus paredes unos tapices de la escuela holandesa de Durero. Ya sabemos donde íba parar la lana de las ovejas sorianas.

4 de mayo 2012. en la muga con Valdemoro, Soria

viernes, 4 de mayo de 2012

Barça-Dragui: 0-0 ó Sin-cero

aficionado del barça
Mario Draghi, director del BCE













Por lo visto, nuestros ciudadanos ejemplares son los que acuden puntualmente a Cibeles para celebrar la enésima liga conseguida por el Madrí, esta vez le tocaba.

¡Pobre diosa, mancillada tan vilmente por los fanáticos del balompié y su cohorte de banderilleros! Estos últimos, los elegidos por la ciudadanía inconsciente, no vienen con banderillas sino con el estoque, directos pa matá!!

Para los motivos de justo júbilo de la plebe somos -habría que decir los que nos gobiernan- muy condescendientes y comprensivos, porque la masa de precarios y desempleados necesita no obstante una válvula de escape. Tales eventos gozan de la máxima repercusión y todo tipo de facilidades logísticas, alfombra roja para los héroes, no reparación en gastos ni en fastos, ofrecimientos a la Almudena, balcones institucionales....
Los clubes de fútbol no sólamente son perdonados de las deudas que mantienen con el fisco (que somos todos, como bien es sabido) sino que sus fiestas las tenemos que pagar y aplaudir también todos. Semejante insulto sólo es comparable con lo que pasa con la Iglesia y anónimos defraudadores de alto copete.
Finalmente sólo nos queda decir ¡Viva la España cañí y de pandereta! La España devota de Frascuelo y de María y dar las gracias a aquellos que nos gobiernan por las gracias que nos conceden... Pan y circo, aunque lo primero se está poniendo bastante chungo...

Vamos a hacer ahora una suposición, que es la que justifica la entrada.
Si la liga la hubiera ganado el Barça, en territorio periférico pero notablemente nacionalista como es Cataluña, y ello coincidiendo con la visita del Sr. Draghi del BCE a la ciudad condal, se hubiera producido una extraña coincidencia fenoménica. Pajín, aquella brillante ministra ¿qué hubiera dicho ante tal acontecimiento hitórico de magnitud planetaria (Guardiola-Draghi)? y la Carme Chacón, otra ministra reconocida culé ¿qué habría hecho? ¿se le ocurriría mandarnos a la Acorazada Brunete con las enseñas de UNICEF para proteger y marcializar el fasto?

La reflexión es la siguiente:
Hay muchos aficionados al fútbol interplanetario que son del Barça.
Hay muchos indignados interplanetarios que quieren mostrar su repulsa a la política del BCE y a su cónclave de Barcelona, que lo son también.
Las manifestaciones de júbilo por ambas razones pueden ser consideradas semejantes o coincidentes, como hemos dicho.
Entonces, hubieramos podido observar en tiempo real cómo se gestionan ambos eventos y qué relevancia adquieren.

Por una parte, los manifestantes con el corazón dividido ante ambos eventos, y por otra, el tratamiento mediático e institucional que les hubiera deparado todo aquello que se proyecta en el cuerpo social.
Un manifestante desgañitado, enarbolando una bandera, subido a una farola de la Rambla (la bandera puede ser tanto del Barça como con la A de antisistema, o incluso ambas) puede ser al mismo tiempo por las formas y  por la expresión de júbilo/repulsa mostrado tanto un ciudadano ejemplar como un presunto criminal alterando la paz social

Cuando Homer Simpson sea detenido le bastará con decir visca el barça para que le suelten sin el menor desacato a la autoridad.

domingo, 29 de abril de 2012

Reflexiones por Alfanhuí desde Salamanca la blanca

Por este librito llegamos a Alfanhuí
"En marzo y abril comenzó la abuela de nuevo con sus fiebres y sus tareas, y en mayo, las botas del abuelo volvieron a las arcas. Alfanhuí se calzó las alpargatas de caminante y partió sus dineros con la abuela:
–¡Adiós, abuela Ramona!
 Alfanhuí tenía ahora el verano y el camino delante de sus ojos y pasó las montañas hacia el norte, a Castilla otra vez. Los caminos estaban poblados de pájaros y de caminantes. De los primeros segadores que bajaban del norte, a las cebadas tempranas; de carros de bueyes o de mulos, que paraban en los mesones de la carretera con sus cargas de carbón de encina o de alcornoque. Y esto ya lo decía un cantar:
Salamanca la blanca, ¿quién te mantiene?, cuatro carboneritos que van y vienen.
Los carboneros eran tímidos y cortos para contestar, y por andar con lo negro y porque nadie les robaba la mercancía, se sentían menos que ningún hombre. Formaban en los mesones su grupo oscuro en un rincón, o si había otros caminantes, se salían al sereno a fumar y a mirar la luna sobre la carretera. Las mesoneras echaban el vino con desprecio, porque en el verano todos los pobretones andan sueltos por los caminos. Tampoco los segadores eran gran cosa para las mesoneras, aunque venían de más lejos. Toda era gente dura que no pedía más que vino y pagaba lo justo y traía los huesos hechos a no pedir camas ni melindres"

El narrador de Alfanhuí, Rafael Sánchez Ferlosio,
y la que fuera su mujer, Carmen Martín Gaite.
Ambos escritores sobresalientes: él "coreano" y ella "charra"

Muy interesante aportación la de Rafael en su Alfanhuí a partir de la charrada
 
Aprovecho el episodio de carboneros, carros y recuas para enmarcar este cantar apocrifado por mi padre -himno claro de la charrería- en el trajín y el polvo que el camino lleva. 
 
Con honor. Todo aquello pertenece con honor al trasiego de personas, animales y mercancías, todo aquello que abren los caminos al mundo es muy digno  y venturado. Creo firmemente que es así desde la noche de los tiempos, no solamente los históricos. El camino civilizó, amplió los horizontes, los hizo humanos. 
 
Me interesa en particular la localización aludida (bien que ténuemente aludida pero reconocida) que atraviesa las montañas y que serían aquellas -no puede ser otras- que las que separan Salamanca y la Alta Extremadura.  Sierra de Gata.
 
Coria y Sierra de Gata
Ese trasiego tan corriente y tan necesario entre dos ciudades romanas sin gobernador pero con obispo las dos: 
Coria, el solar  preciso de los Sánchez  (el padre falangista del escritor: R.Sánchez Mazas) con casa blasonada al lado de la catedral, y Ciudad Rodrigo, patria del increíble  farinato redentor. 
 
Podemos imaginarnos la excitación del niño despierto que Alfanhuí era, al dejar atrás las montañas que enfundan su mísera tierra natal, pasar por la posada real del  Puerto de Perales que allí había y llegar a Castilla, a tierras de Salamanca. 

Verse con esas boyadas gigantes del Rebollar, arrastrando carros, peinando  bardas, labrando, encontrarse con esas recuas trajineras que subían aceite y bajaban grano, que subían vino o bajaban garbanzos. Tratar con esas gentes rudas del camino, esas bondadosas menestralas receptivas  al melindre... 

Todo un mundo mirado, todo un mundo cantado, todo un mundo soñado...

Salamanca la blanca fue, por cierto, una de las canciones predilectas de la escritora salmantina Carmen Martín Gaite (quien fuera ex-esposa de Sánchez Ferlosio), y sus sones se dejaron oír en alguno de los homenajes póstumos que se le dedicaron.

sábado, 28 de abril de 2012

LSD-12 La lámpara del cuerpo es el ojo

La lámpara del cuerpo es el ojo; 
cuando tu ojo es bueno, 
también todo tu cuerpo está lleno de luz.


Nuevo Testamento. Lucas 11.34

viernes, 27 de abril de 2012

Salamanca la Blanca, versión apócrifa del abuelo


Salamanca, la blanca
(charrada tradicional original)

 Salamanca la blanca,
 Salamanca la blanca,
 ¿quién te mantiene?
¿quién te mantiene?

  Cuatro carboneritos,
  Cuatro carboneritos
  que van y vienen.
  que van y vienen.
 
  Cómo quieres que tenga,
  cómo quieres que tenga
  la cara blanca,
  la cara blanca,

  siendo carbonerito,
  siendo carbonerito
  de Salamanca,
  de Salamanca,

Salamanca la blanca
  ¿Cuándo volveré a verte?
Mi Salamanca,
Mi Salamanca!

ESTRIBILLO
  Mozos de mantilla,
  mozos de montera
  estos cuatro charros
  son de Macotera
 
"El todoterreno"
(versión apócrifa adaptada por el abuelo para su nieto)

Manuel Martín Herrero
Manuel Martín Herrero
Ay, qué bien juega
Ay qué bien juega

Ni siquiera Ronaldo
Ni siquiera Ronaldo
mete más goles
que tú en la puerta

Cómo corres la banda
Cómo corres la banda
y cómo centras,
y cómo centras

Manuel Martín Herrero
Manuel Martín Herrero
mete más goles,
Sergio le centra

ESTRIBILLO
Llevas un escudo
del Real Madrid
como Iker Casillas
y como Higuaín

Referencia literaria 
Una de las versiones más interesantes de nuestra seguidilla es la que el gran maestro de la prosa en español, Rafael Sánchez Ferlosio, engastó y comentó en su novela Industrias y andanzas de Alfanhuí: 
En marzo y abril comenzó la abuela de nuevo con sus fiebres y sus tareas, y en mayo, las botas del abuelo volvieron a las arcas. Alfanhuí se calzó las alpargatas de caminante y partió sus dineros con la abuela:

–¡Adiós, abuela Ramona!
Alfanhuí tenía ahora el verano y el camino delante de sus ojos y pasó las montañas hacia el norte, a Castilla otra vez. Los caminos estaban poblados de pájaros y de caminantes. De los primeros segadores que bajaban del norte, a las cebadas tempranas; de carros de bueyes o de mulos, que paraban en los mesones de la carretera con sus cargas de carbón de encina o de alcornoque. Y esto ya lo decía un cantar:
Salamanca la blanca,
¿quién te mantiene?,
cuatro carboneritos
que van y vienen.
Los carboneros eran tímidos y cortos para contestar, y por andar con lo negro y porque nadie les robaba la mercancía, se sentían menos que ningún hombre. Formaban en los mesones su grupo oscuro en un rincón, o si había otros caminantes, se salían al sereno a fumar y a mirar la luna sobre la carretera. Las mesoneras echaban el vino con desprecio, porque en el verano todos los pobretones andan sueltos por los caminos. Tampoco los segadores eran gran cosa para las mesoneras, aunque venían de más lejos. Toda era gente dura que no pedía más que vino y pagaba lo justo y traía los huesos hechos a no pedir camas ni melindres.



Además, y desde que, a partir de los inicios del siglo XX, se fue desarrollando un movimiento de recuperación, de exhibición en espectáculos públicos y de explotación comercial de los cantos folklóricos (regionales, solían llamarse) que llevaron a cabo los que fueron denominados grupos de coros y danzas, y también las Misiones Pedagógicas de la República y la Sección Femenina franquista, la vieja canción de Salamanca la blanca ingresó dentro de ese tipo de repertorio, que ha acuñado versiones vulgatas, inmutables, clónicas (distintas de las verdaderamente tradicionales, en permanente cambio y evolución) que son las que hoy más se conocen. En la actualidad, la canción forma parte, también, del repertorio de diversos grupos de folk (sobre todo de la región salmantina, que la ha casi adoptado como himno oficioso) que la cantan sobre los escenarios y la registran, distribuyen y comercializan –acuñando versiones igualmente vulgatas– en soportes sonoros que llegan a alcanzar regular difusión.

Fte: Revista de Folklore, nº 320, año 2007, pp. 39-41


jueves, 26 de abril de 2012

Dehesa Capparrensi

Los caparrones hispano-romanos creo yo que vendrían por aquí a pescar (por poner algo)

sábado, 21 de abril de 2012

Uma pessoa i-lusa, Fernando Pessoa

Fernando, PERSONA
Fernando Pessoa, por boca -creo- de Ricardo Reiss, decía que El poeta es un fingidor. Veamos.

El poeta es un fingidor.
Finge tan profundamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive,
Sino aquél que no han tenido.
Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.

 Y por boca de Alvaro Campos, en su Libro del Desasosiego. Extraemos 4 fragmentos

Un persona extraordinaria
(Fragmento I)
Nubes... Hoy tengo conciencia del cielo, pues hace días que no lo miro pero lo siento, viviendo en la ciudad y no en la naturaleza que la incluye. Nubes... Son ellas hoy la principal realidad, y me preocupan como si el velarse del cielo fuese uno de los grandes peligros de mi destino. Nubes... Pasan desde la barra hacia el Castillo, de Occidente a Oriente, en un tumulto disperso y desnudo, blanco a veces, se ven desarrapadas en la vanguardia de no sé qué; medio-negro otras, si, más lentas, tardan en ser barridas por el viento audible; negras de un blanco sucio, si, como si quisiesen quedarse, ennegrecen más de la venida que de la sombra lo que las calles abren de falso espacio entre las líneas cerradas de las casas.
Nubes... Existo sin saberlo y moriré‚ sin quererlo. Soy el intervalo entre lo que soy y lo que no soy, entre el sueño y lo que la vida ha hecho de mí, la medida abstracta y carnal entre cosas que no son nada, siendo yo también nada. Nubes... ¡Qué desasosiego si siento, qué desconsuelo si pienso, qué inutilidad si quiero! Nubes... Están pasando siempre, unas muy grandes, pareciendo, porque las casas no dejan ver si son menos grandes de lo que parecen, que van a ocupar todo el cielo; otras de tamaño incierto, que pueden ser dos juntas o una que va a partirse en dos, sin sentido en el aire alto contra el cielo cansado; otras aún, pequeñas, que parecen juguetes de poderosas cosas, bolas irregulares de un juego absurdo, sólo hacia un lado, en un gran aislamiento, frías.
Nubes... Me interrogo y me desconozco. Nada he hecho de útil ni haré de justificable. He gastado la parte de la vida que no perdí en interceptar confusamente cosa ninguna, haciendo versos en prosa a las sensaciones intransmisibles con que hago mío el universo desconocido. Estoy harto de mí, objetiva y subjetivamente. Estoy harto de todo, y del todo de todo. Nubes... Son todo, desarreglos de lo alto, cosas hoy sólo ellas reales entre la tierra nula y el cielo que no existe; harapos indescriptibles del tedio que les supongo; niebla condensada en amenazas de color ausente; algodones en rama sucios de un hospital sin paredes.
Nubes... Son como yo, un pasar desfigurado entre el cielo y la tierra, al sabor de un impulso invisible, tronando o no tronando, alegrando blancas u obscureciendo negras, ficciones del intervalo y del error, lejos del ruido de la tierra y sin tener el silencio del cielo. Nubes... Siguen pasando, siguen siempre pasando, pasarán siempre siguiendo, en un enrollamiento discontinuo de madejas empañadas, en un alargamiento difuso de falso cielo deshecho.
15-9-1931.

(Fragmento II)
Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no sean la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única. Comprendo bien que el hombre que está delante de mí, y me habla con palabras iguales a las mías, y me ha hecho gestos que son como los que yo hago o podría hacer, sea de algún modo mi semejante. Lo mismo, sin embargo, me sucede con los grabados que sueño de las ilustraciones, con los personajes que veo de las novelas, con los personajes dramáticos que en el escenario pasan a través de los actores que los representan.
Nadie, supongo, admite verdaderamente la existencia real de otra persona. Puede conceder que esa persona está viva, que siente y piense como él; pero habrá siempre un elemento anónimo de diferencia, una desventaja materializada. Hay figuras de tiempos idos, imágenes espíritus en libros, que son para nosotros realidades mayores que esas indiferencias encarnadas que hablan con nosotros por encima de los mostradores, o nos miran por casualidad en los tranvías, o nos rozan, transeúntes, en el acaso muerto de las calles. Los demás no son para nosotros más que paisaje y, casi siempre, paisaje invisible de calle conocida.
Tengo por más mías, con mayor parentesco e intimidad, ciertas figuras que están escritas en los libros, ciertas imágenes que he conocido en estampas, que muchas personas, a las que llaman reales, que son de esa inutilidad metafísica llamada carne y hueso. Y "carne y hueso", en efecto, las describe bien: parecen cosas recortadas puestas en el exterior marmóreo de una carnicería, muertes que sangran como vidas, piernas y chuletas del Destino.
No me avergüenzo de sentir así porque ya he visto que todos sienten así. Lo que parece haber de desprecio entre hombre y hombre, de indiferente que permite que se mate gente sin que se sienta que se mata, como entre los asesinos, o sin que se piense que se está matando, como entre los soldados, es que nadie presta la debida atención al hecho, parece que abstruso, de que los demás también son almas.
Ciertos días, a ciertas horas, traídas mí por no sé qué brisa, abiertas a mí por el abrirse de no sé qué puerta, siento de repente que el tendero de la esquina es un ente espiritual, que el hortera, que en este momento se inclina a la puerta sobre el saco de patatas, es, verdaderamente, un alma capaz de sufrir.
Cuando ayer me dijeron que el dependiente de la tabaquería se había suicidado, sentí una impresión de mentira. ¡Pobrecillo, también existía! Lo habíamos olvidado, todos nosotros, todos nosotros que le conocíamos del mismo modo que todos los que no le conocieron. Mañana le olvidaremos mejor. Pero que tenía alma, la tenía, para que se matase ¿Amores? ¿Angustias? Sin duda... Pero a mí, como a la humanidad entera, me queda sólo el recuerdo de una sonrisa tonta por encima de una chaqueta de mezclilla, sucia, y desigual en los hombros. Es cuanto me queda, a mí, de quien tanto sintió que se mató de sentir porque, en fin, de otra cosa no debe de matarse nadie... Pensé una vez, al comprarle cigarrillos, que se quedaría calvo pronto. Al final, no ha tenido tiempo de quedarse calvo. Es uno de los recuerdos que me quedan de él. ¿Qué otro me había de quedar si éste, después de todo, no es suyo, sino de un pensamiento mío? Tengo súbitamente la visión del cadáver, del ataúd en que le han metido, de la tumba, enteramente ajena, a la que tenían que haberle llevado. Y veo, de repente, que el dependiente de la tabaquería era, de cierta manera, chaqueta torcida y todo, la. humanidad entera.
Ha sido tan sólo un momento. Hoy, ahora, claramente, como hombre que soy, él ha muerto. Nada más.
Sí, los demás no existen... Es para mí para quien este ocaso remansa, pesadamente alado, sus colores neblinosos y duros. Para mí, bajo el ocaso, tiembla, sin que yo le vea correr, el río grande. Ha sido hecha para mí esta plaza abierta sobre el río cuya marea se acerca. ¿Ha sido enterrado hoy en la fosa común el dependiente de la tabaquería? No es para él el ocaso de hoy. Pero, de pensarlo, y sin que yo quiera, también ha dejado de ser para mí...
26-1-1932.

(Fragmento III)
En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde sea pronto noche, disfruto de errar sin pensar entre lo que la ciudad se vuelve, y ando como si nada tuviese remedio. Me agrada, más a la imaginación que a los sentidos, la tristeza dispersa que está conmigo. Vago, y hojeo en mí, sin leerlo, un libro intersperso de imágenes rápidas, del que voy formándome indolentemente una idea que nunca se completa.
Hay quien lee con la misma rapidez con que mira, y concluye sin haberlo visto todo. Así saco del libro que se me hojea en el alma una historia vaga por contar, memorias de otro yo vagabundo, con avenidas de parques en medio, y figuras de seda varias, pasando, pasando.
Indiscrimino con tedio y otro. Sigo, simultáneamente, por la calle, por la tarde y por la lectura soñada, y los caminos son verdaderamente recorridos. Emigro y descanso, como si estuviese a bordo con el navío ya en altamar.
Súbitamente, los faroles muertos coinciden luces en las prolongaciones dobles de una calle larga y curva. Como un batacazo, mi tristeza aumenta. Es que se ha terminado el libro. Hay tan sólo, en la viscosidad aérea de la calle abstracta, un hilo exterior de sentimiento, como la baba del Destino idiota, goteando en la conciencia del alma.
Otra vida de la ciudad que anochece. Otra alma la de quien mira a la noche. Sigo inseguro y alegórico, irrealmente sintiente.
Soy como una historia que alguien hubiese contado y, de tan bien contada, anduviese carnal, pero no mucho, en este mundo novela, en el principio de un capítulo: "En este momento, se podía ver a un hombre avanzar lentamente por la calle de..."
¿Qué tengo yo que ver con la vida?
13-7-1931.

(Fragmento IV)
No creo en voz alta en la felicidad de los animales, sino cuando me apetece hablar de ella como marco de un sentimiento que es la suposición derivada. Para ser feliz es necesario saber que se es feliz. No hay felicidad en dormir sin sueños, sino solamente en despertarse sabiendo que se ha dormido sin sueños.
La felicidad está fuera de la felicidad.
No hay felicidad sino con conocimiento. Pero el conocimiento de la felicidad es infeliz; porque saberse feliz es conocerse pasando por la felicidad, y teniendo, en seguida, que dejarla atrás. Saber es matar, en la felicidad como en todo. No saber, sin embargo, es no existir.
Sólo el absoluto de Hegel ha conseguido, en las páginas, ser dos cosas al mismo tiempo. El no-ser y el ser no se funden y confunden en las sensaciones y razones de la vida: se excluyen, mediante una síntesis al revés.
¿Qué hacer? Aislar el momento como una cosa y ser feliz ahora, en el momento en que se siente la felicidad, sin pensar más que en lo que se siente, excluyendo lo demás, excluyéndolo todo. Enjaular al pensamiento en la sensación, (...) la clara sonrisa maternal de la tierra plena, el esplendor cerrado de las tinieblas altas, (...)
Es ésta mi creencia, esta tarde. Mañana por la mañana no será ésta, porque mañana por la mañana seré ya otro. ¿Qué creyente seré mañana? No lo sé, porque sería preciso estar allí para saberlo. Ni el Dios eterno en el que hoy creo la sabrá mañana ni hoy, porque hoy soy yo y mañana quizás ya no haya existido él nunca.