jueves, 1 de febrero de 2018

La conjura de necios y torpes


¿Recogemos lo que sembramos?
-Claro. Si no sembramos no recogemos.
Pero ¿cómo podemos ir por la vida pensando que nos merecemos esto o aquello?
Craso error. No nos merecemos mucho mas de lo que tenemos.
Aunque no siempre tenemos lo que nos corresponde. Por el hecho de ser nos corresponde mucho: la vida. La vida no es valle de lágrimas, tampoco días de vino y rosas.
La ley del karma nos ayuda a comprender nuestro fin, no es una ley de castigo, es una ley de amor, recibir y dar. Ejercicio de mucha inteligencia.
Podemos decidir mucho sobre nosotros mismos. No importa equivocarse, si se aprende. Cuanto mas te equivocas, mas aprendes.

Estoy dispuesto a sufrir sin límite todo lo que me caiga, dispuesto a disfrutar a tope todo lo que me encuentre por el camino cuando estoy atento, pero en ese tránsito debo aprovechar la ocasión de hacer el aprendizaje que se me ofrece. Sé que no es una cosa personal, por la que me tenga que censurar continuamente o poner excusas para la inacción... Hacer, intentarlo, no tener miedo, acercarse al otro que soy yo. Eso creo que es bastante.
"El sufrimiento sólo es útil en la medida que nos empuja a hacer una toma de conciencia que no hubiéramos hecho sin él"
-Un pretexto para despertar, para ver la realidad con una nueva mirada, más desprendida, más desapegada, más amable...
¡¡ Pensar que otro puede salvarme es absolutamente ilusorio!! No creas en mesías ni salvadores.
Un trabajo de transformación interior requiere fuerza de voluntad.
Ah!! Hay que dejar definitivamente el miedo a un lado. Estar atento.

jueves, 25 de enero de 2018

Soneto de Diakoptó (antes viaje a Hélade)




En el golfo de Corinto
costa breve de Diakopto,
cumbres níveas derramadas

mar de fuentes del Parnaso.

Garganta melancólica
asoma heridas al paso.
Brotan helénicos cipreses
sublimes pueblos blancos,

abetos que son metálicos, 
olivos que son agrestes
abren caminos sensatos
  
por abanicos celestes,
entre viñedos vetustos 
son cautivos naranjos.
     Kalávrita, Pelopóneso. 2012

jueves, 18 de enero de 2018

Conversación con el Santorrostro

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Garranzo, sine copulo sine populo
 La viña devastada por los jabalíes*

El santorrostro, la común salamanquesa, no es originario de Salamanca como podría parecer sino, por saber científico magrebí, Tarentola Mauritánica. Otros nombres son saltarrostro, geko,dragó para catalanes y para Sanchez Dragó, el macho celtibérico por antonomasia. Santorrostro , su nombre mas certero, es un ser realmente admirable por su porte sáurico, su plena indolencia, su magia contemplativa, cuasisagrada diría yo. Hijo de cueva nigromante, audaz escalador, reptil dotado de pies ventosa, portento de natura. Capaz de burlarse de la gravedad se encarama en el rincón más obtuso de la casa, del muro, del alero, del árbol. Te observa plácido con sus ojos camaleónicos: es el príncipe de la noche, sin dudarlo. 

Le veo sesteando por las paredes que fueron recalentadas por el sol inclemente de la jornada, se regocija como un animal vicioso que ha sobrevivido a todas las plagas de la Tierra, incluída la del hombre. Noctámbulo impenitente, escondido del Sol en los más íntimos recovecos, aunque no de su calor amado, se encomienda por la noche a las estrellas fulgurantes a las que adora. Veo como se dirige de tú a tú a la luna: sus misteriosos aullidos apenas audibles, de frecuencia isocrónica mientras copula. Buda sáurico asaz tranquilo, impasible su paseo triunfal, claro ejemplo de la sagacidad y poderío de su raza.
¿No han reparado ustedes en la chulería cínica de este increíble animal?
Creo que le echaré de menos cuando el invierno le aletargue y nos prive de su bondadosa compañía nocturna. Diría que es una reliquia de la era prediluviana o mercurial, anterior al nacimiento de los dioses caídos, anterior a los hombres capullos colonizadores, a las ortigas que pueblan los despoblados, a todo aquello conocido después de los insectos de los pantanos.
Pasábamos así noche insomne, penetrados por lírica de soledad deseada en deshabitado pueblo de Garranzo. Las avispas habituales me habían picado con ganas locas en el cordel de ganados al tocarcon mi cayado involuntario un nido terrero. A pesar del barro ungido con pis la pierna se me inchó bastante por la noche: ardía. Híce pues algunas conjeturas:
Esta que mira si es criatura iluminada, no tiene que mearse encima como he tenido que hacer yo para aplacar el ardor con barro. Ha llegado a ser un YO completo que no se mea encima, ni se caga.Todo es gozar para ella.

- Yo soy el santorrostro, me replica, y tú te callas.

Vengo a conocer lo que os conviene a los hombres, lo que os aflige, viéndoos tan afanosos con vuestro inútil bregar, revolcándoos en fango estéril. ¡Qué pena me dais!...
A lo lejos se atisban otros pueblos, otras pasiones, lucecitas que parapadean ansiosas ¡qué graciosos y ridículos los pueblos parecen! Algunos deben estar en fiestas ferragostanas, se lanza algún cohete del que nos llega resplandor antes que ruido. Cohetes como el que a Modesto el alguacil le llevó la mano. Mano fugitiva que quiso alzcanzar estrella fugaz y no tuvo mas que volver vacía a la Tierra. Mano vacía sin conseguir nada de nada; plantose encima de una encina a descansar dándole de comer a los cuervos.
Somos tan terrestres, somos tan celestes.
Miro desde nuestro pueblo “Alzado de la ruina” como dijo aquel poeta maldito, Aníbal Núñez, poco antes de morir... -Los poetas no se suicidan tan solo porque les refuten un dato. ¡Es de creer que lo hacen por algo mas!

Salamanquesa, santorrostro, geko o dragó ¿Tú que dices?
La pasión por la verdad, en verdad, es un ejercicio hiperestésico, una ironía del destino que coloca al hombre temblando debajo de una bóveda inmensa que le fagocita por partes, primero la mano, el corazón, luego el resto de pasiones, el sueño... Engullido finalmente por la tierra de la que emergió. 

           Por fin nos pregunta este santorrostro:
-¿Quién eres tú, bípedo insalubre que tanto quieres saber?
-¿Y para qué saber tanto? No hay nada que saber.
¿Queremos ser visibles o permanecer en la invisibilidad? ¿Destacar o pasar de puntillas por el mundo? ¿Rebeldes o normales? Desde luego podrían ser las cosas más sencillas de lo que son, al menos mas pacíficas, pero no, no, Marx no leyó a Holderlin, Holderlin no leyó a Marx, Marx declaró la guerra a Bakunin... Y ninguno conoció la virtud de la realidad del Presente, soñaban con futuro redentor. Me pregunto:

¿Cómo podemos conformarnos como seres gregarios desde profunda soledad? ¡Soledad, criatura primorosa que no sabe que es hermosa!
Uno creía que se podía cambiar el mundo, hasta luchaba y dejaba la vida por ello; el otro, que había que cambiar al hombre, sin mirarse a sí mismo.
¿Pero quién pensaba que la verdad NO era NADA de esto?

Fracasó el mundo, fracasó el hombre. ¿Fracasaron los dos?

El optimista como sabemos está muy mal informado; el pesimista, como dijo Saramago, es el único interesado en cambiar el mundo, porque los anteriores están encantados con lo que hay. ¡¡Pero si ni siquiera te ves el culo, tú no puedes cambiar nada!! Ciorán lo resumió mejor que nadie:

“El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única, en realidad” 



17 de enero de 2018. Tercera versión

1 de abril de 2016,. Segunda versión

*Apareció con este título en Ambroz Información, agosto de 2011

(cuando MM faltó a su cita)

lunes, 15 de enero de 2018

Mi querida enfermera

Oposiciones del SES, mas de 1300 plazas
Diremos que se llama Elvira nuestra protagonista, no quiero arruinar ninguna reputación, con lo fácil que es! Empezaremos diciendo que es una petarda, mas es una buena profesional, así me lo parece. Elvira es muy buena y simpática con los galenos, empática y maternal con los usuarios. Sin embargo, con embargo, percibo que sin darse cuenta es bastante clasista, está educada en buena casa.
En cuanto coge hebra no deja de rajar al primer resquicio del asueto en el trabajo. Pero su momento estelar es, sin duda, cuando llega la hora del papeo en el piso de solteros que es el PAC (Puntos de Atención Continuada) Lo que hace más agradables y sabrosas sus guardias. Entonces Elvira se convierte en una consumada maestra de las ceremonias gastronómicas del equipo. Cocina de puta madre y trae de su casa delicatessen al PAC. Es muy liberal y esto le hace ser adorable por todos, que lógicamente atienden su rollo particular mientras comen los excelsos platos que prepara. Yo también, lo confieso, en un par de ocasiones.

Si hay película buena, hoy la saga de El Padrino toca, es preferible renunciar directamente a cualquier esperanza de poder verla. Así que me retiro a escribir esta entrada con un poco de resentimiento. ¡Con las ganas que tenía de ver a Don Vito!

Es normal que cuando está Elvira se aprecie un fuerte aumento del stock de tarrinas precocinadas inundando el frigorífico del PAC, todas dispuestas a caducar de inmediato, si no son consumidas antes. A mi me duele este derroche de comida (siempre me ha dolido el derroche alimentario) y busco una salida urgente a tal stock ya que estamos en urgencias y me parece inapropiado tirar la comida: es mala praxis y peor ejemplo. Por imperativo de los recortes, el SES (Servicio Extremeño de Salud) va a eliminar este catering en breve, del mismo modo que deciden terminar con nuestra prolífica y celosa relación, la de los celadores sanitarios con los pacientes impacientes, fuente inagotable de salud y de buen humor, como he querido transmitir...

Voy al trabajo confiado en volver a casa sin hambre porque siempre hay posibilidad de pillar cacho y llenar el buche. Ando  rebuscando, sin complejo alguno por parecer un barbado indigente (que es lo que soy) en el stockaje del frigorífico. No digo que sea para los perros, como se suele decir para evitar la vergüenza, sino que es declaradamente para mí estómago, como si eso tuviera que ser una deshonra. Pero, eso sí! que no se me ocurra echar el guante a una tarrina que no haya caducado; si es caduca entonces no importa. El médico no puede comer caducados, el celador sí, tiene el estómago adaptado. El otro día, fue la segunda vez que me ocurrió, me pasé de listo, me comí la cena de los facultativos ¡por todo el morro, oiga! como si fuera un carpanta con hambre atrasada. Era un día que no estaba Elvira, claro! Voy a contarlo, puesto que también debo ser yo blanco de mi propia burla y chanza, que no solo de la infamia ajena vive el hombre.

sueño con tarrinas, sueño de tarrinas
El equipo había salido a una urgencia a Baños, se retrasaban, me encontraba muy solito, me apretó severamente la gazuza y...  una cosa llevó a la otra. Así que ¡zas! con determitación, sin nocturnidad y con grande alevosía pude efectuar uno de mis temidos golpes de mano al frigorífico del PAC. ¡Ah, necio de mí! me equivoqué fatalmente en la lectura de los códigos de las tarrinas y me zampé dos sopas de pescado, dos, y 2 cremas de calabacín, 2. Estaban Co-Jo-Nu-Das.
Me cegó la gula, lo reconozco, y el no llevar las gafas de cerca puestas. El enfado del equipo estaba muy justificado y sabido es que ante justas quejas, no queda ya sino agachar las orejas. Así lo hice, muy contrito me excusé del modo en que lo hizo el rey borbón cuando se fue a cazar el elefante blanco con una golfilla alemana:
-Lo siento mucho, no volverá a ocurrir, acerté a balbucear.
Si a él le valió, que tiene la más alta y duradera magistratura del Estado ¡¡Por qué no me va valer a mí, indigno de mí, que estoy de paso por aquí!! Aunque nos habían prometido la temporalidad de un año en el PAC (a los que sacamos la plaza) vemos que a esta mi humilde magistratura le quedan tan sólo tres o cuatro atracos más, no más.
Volvamos a Elvira, nuestra barbie, pues rubia y bien parecida es. Seguro que tiene una colección de estas muñequitas en casa.
Su incontinencia verbal incluye la comunicación telefónica, insufrible, lo que me obliga a convertirme en su telefonista personal cuando le llama su ensalzado marido, otro profesional de la LSD, macho alfa de la familia SES que le puede llamar un buen puñado de veces a lo largo de la jornada para informarle de gilipolleces varias o preguntarle por cada movimiento que realiza. Habla con absoluta naturalidad e indiscreción tanto de su vida privada como de la mundana (sin saber distinguir ambas) aunque supongo que ella cree que es admirable todo lo que hace para todos los que la escuchan. Debe resultar muy chic en otros contextos pero aquí en un PAC resulta claramente patético.

Ignora o prefiere ignorar lo insoportable que es escuchar su proclamada comodidad material cuando hay tanta gente, incluso a su alrededor, que no viven en ese mundo de opulencia, dispendio y maravillas, o que en cuatro días iremos a la puta calle los celadores, cosa que no le interesa lo más mínimo, aunque se acordará cuando oiga la llamada intempestiva a las tres de la madrugada y le toque a ella abrir la puerta a los pacientes, recibirlos, calmarlos, registrarlos, limpiar potas y otras basurillas. En fin.

¡Por Dios! me digo, ¿pero no se da cuenta ella? Que alguien le tape la boca con una de las salchichas criollas que ha traído o sea al menos tan audaz como para conducir la conversación a otro derrotero que no sea el consabido yo-yo, el mi-me, el conmigo, el tengo, el  voy o el vengo, el me cago o el me meo. Escuchando a Elvira parece que todo en la vida es bonito y perfecto. Un mundo de maravillas y de sabrosas comidas.

Bajé la bandera el segundo día, reconozco que fui poco tolerante. Me aburrí pronto de sus recurrentes viajes a ultramar, ya fueran de vuelta o proyectados, a Londres, a París, a Santander, a Sevilla o a las playas de Cádiz de junio a setiembre. De sus mariscadas y fiestorras con sus amigos desconocidos, que consigue que dejen de serlo para convertirlos en populares merced a sus prolijas explicaciones, nunca demandadas. De sus compras de boutique o de otros productos de semilujo en Cáceres o Madrid. De su familia tan común y tan corriente. De las Ferias de vanidades que ahora llegan a su pseudo capital provinciana, que es Plasencia. Exhibición insulsa de una holgada vida regalada sin el menor interés ni ejemplaridad para nadie. Eso al menos, creo yo.
Lo siento Elvira, no hay nada personal en este ataque furibundo, es un ataque a todo lo que representas con tanto orgullo inconsciente y frivolidad sub-normal. Para compensar este mi atrevimiento, en tu favor he de confesar que te lo curras, que te lo ganas bien ganao y que te lo gastas bien gastao, como te apetece, y que haces muy bien. Ójala fueramos todos tan currantes.
Nunca le he visto un gesto de perrería ni de mala leche con sus enfermos, como tienen otros sanitarios parafascistas que hacen su trabajo sin honor ni compasión alguna. A cambio sus quejas son permanentes de todo lo que acontece, gente que no ejercita la más mínima empatía, que se creen endiosados matasanos de intereconomía digital, que sólo esperan reverencias y pleitesía de la concurrencia y alguna caja de cerezas en su temporada por parte de los pacientes. Finalmente me pregunto:
¿Pero tiene algo esta chica que se reserve para sí, algo que no comparta con los demás en esta inercia cotidiana de las guardias?
Siempre hay alguna trastienda en las personas de verbo incontinente, pero en su caso cuesta descubrirlo. Incluso deja caer como el que no quiere la cosa la satisfacción de que goza en el terreno sexual, eficacia que es debida a la pericia de sus marido cirujano con el estilete de matar. Tiene la voz cascada de tanto cascar y se excita de tanto hacerlo, con demasiada fruición. Me la puedo imaginar con ese estilete clavado pidiendo misericordia. Efecto evidente de la verborragia.

Hoy se empeña en que hay que ver las fotos de su último viaje, boda o sarao. Además, está la mar de contenta porque va a ser licenciada ¡Licenciada de cuatro años! grado le llaman, elevando el rango de la nurselería diplomada. Podrá ya hacer informes, prescribir recetas  y estampar como los galenos su firma con el indeleble sello de la ciencia. Podemos ya anticipar esta dicha, imaginarla, vislumbrarla con un florido pato a la naranja ante la mesa. Lo conseguirá y se lo merecerá. Quizá entonces muestre sin querer esa trastienda escondida, se nos emborrachará de forma inocente y dejará de ensalzar de una puta vez a su marido, para darse cuenta de una puta vez que ella vale por sí misma, que ella vale mucho, mucho mas que su marido el de pelo engominado.

Para terminar. Supongo que nuestra enfermera preferida es un ejemplo modélico del ascensor social en el mundo ultracorporativo de la sanidad ALFA. Fue capaz de seducir a su marido, de los Sanchez Ocaña (real pero ficticio) de toda la vida, que seguramente le pondrá los cuernos del venado cuando se va de montería monfragüeña o safari africano sin pestañear, como el monarca. En su caso, nadie podrá decir que haya habido codazos, pisotones o malos gestos por todo lo que ha logrado. Logrado con esfuerzo y con amor.

Sí habrá que decir que hubo abundancia de espárragos, criadillas, ilustradas ensaladillas, gordillas, pil-piles, tostones, calderetas, enmarinados, trufas, etc. Y no sigo, porque me vuelve la gazuza y me pongo malo de verdad.
Esta chica, con franqueza, vale mucho!

viernes, 12 de enero de 2018

El viaje y el ventero

mañana boreal
 El viaje y el ventero
El ventero, aunque habitador del campo, no ha pasado generalmente sus primeros años en el campo, ni ha sido gañán ni hortelano, ni ayudado de un modo o de otro al cultivo de la tierra. Por lo regular, fue en su juventud soldado o contrabandista, esto es, hombre de armas; y si no nació con temperamento belicoso y bajo la influencia del planeta Marte, fue sin duda en sus años mozos, calesero, arriero o corredor de bestias, que el vulgo suele llamar chalán.
El Duque de Rivas, El Ventero, 1851

el viaje por la luna después del astronauta
- Tú sabes lo que le queda a Jacinto cuando le quitas el cinto?
Pues que se le caen los pantalones, respondo sin pensar.
- Tontín, me dice. Ja, eso es lo que le queda: Ja!!
 Esta es la locuaz andanada con la que se despacha a gusto Esteban, el ventero de la alborada decembrina, serrano, después de dar los malos buenos días mientras otro parroquiano, un poco más madrugador, ya se acurruca en la esquina opuesta de la barra, frotándose las manos. 
Cierto que diligente ya se había puesto a hacer mi café, tan pronto me ve aparecer por la puerta de la calle Compañía con mi gorro ruso y cargado con mi ordenador, cuando al volver del baño, que es lo primero que hago al verle la jeta, me lo encuentro ya servido en mi mesa de costumbre (el café) junto con el coprófilo periódico de la mañana. Dando la bona nueva, aparece la oveja negra en el rebaño del PP, Rato, como si las otras fueran inmaculadas.

Rato, quiero decir que pasa un rato
Tras esta primera andanada sin daños, Esteban está bien dispuesto para todas las siguientes que pudiera lanzar, pero ya no le doy pie a ello porque me siento mucho más aliviado después de bajarme los pantalones (no Jacinto del Ja) y ponerle un telegrama delicado a la In fanta Naranja. Sabe que este menda también tiene el gatillo rápido y la lengua afilada. Lo dejamos así.
Lo cierto es que Esteban siempre está a punto, al quite, con la escopeta cargada, dando conversación a diestro y siniestro, aunque ahora no tiene siniestro ya que el de la esquina dormita por momentos junto a su carajillo. Son las 8 horas y 4 minutos, 2 grados bajo cero.

Atento a Esteban
Luego, pasado un tiempo muy poco prudencial, ya lo tengo pegado a mi mesa para retirarme el servicio, es muy servicial, en exceso... Le estoy echando un vistazo a la prensa, más largo de lo que quisiera: me gusta la retranca gallega de Jabois y la lengua cirujana de Trueba, junior. Es que Esteban y yo estamos poniendo el ordenador a punto y me demuestra una pericia en esto extraordinaria:
- Échate pallá galán, que verás cómo se hacen las particiones para poder aislar ese cluster de los cojones que te está jodiendo el orto.
Es mucho más sutil el ventero, lo sé, pero lo estoy exagerando para la ocasión. Se saca de una petaca que porta al efecto, cual si fuera cartuchera de pistolas, un pen drive verde escogido entre los muchos y dice:
- Esto es como el bálsamo de Fierabrás, se mete en el momento del arranque, pisas el anterior y te pone al día el ubuntu. Pero antes salva todo, advierte.
En esto me demoro...
Esteban es ingeniero informático, no lo dudo. Yo hubiera estado toda la mañana petardeando con la máquina y él me lo reconduce en un plis-plas. Ni me entero, me la ha metido doblada, cabrón.
Hay más anécdotas de Esteban, esa misma tarde me lo encuentro por azar en el autobús urbano n. 11 que conduce a Buenos Aires (barrio) y me habla de la apps del móvil para anticipar el paso de los autobuses por sus paradas y no tener que esperar en ellas, pasando frío que te cagas en la capital charra, a principio de este año del señor de 2018.
Esteban, al parecer, es de familia de buhoneros choriceros de Candelario. No es belicoso pues me confesó que trampeo para no ir a la mili.
NOTA. Si el ventero no es de los choriceros lo hago, acudiendo a la regla de la vehemencia y en uso de la libertad creadora (sic)

jueves, 11 de enero de 2018

Una historia familiar, 1 o 2

Tamborilero a los 70 años en Sequeros
Rompiendo la lógica generacional él, mi padre, aprendió a tocar los instrumentos diez o acaso quince años más tarde que yo. Fue un efecto parasimpático provocado por el ocio jubilar, al tiempo de su regreso a tierra natal, Salamanca, de la que mayormente estuvo separado. Todo ello coincide en paralelo con mi para lela marcha de la misma tierra, aquella donde estudié alatamente, para cumplir luego servicios exteriores: primero rústico-postales en la Sierra y, más tarde, completados en el Norte y el Este. 

Infelizmente mi padre no perseveró lo suficiente con los instrumentos charros pero no le faltaron dotes porque tenía buen oído y gracia, que para este oficio es lo fundamental. Le atorraban mucho en casa y tenía que huir al pueblo, cosa que no le desagradaba en absoluto, para poder ensayar a gusto, con entera libertad, al tiempo que obraba otros ensayos en fogones desprovistos de tutela. Todo ello, más libertad. Con todo, a causa de la falta de esa necesaria continuidad que el oficio musical exige, se ve que acabó desilusionado con la gaita y arrumbando los bártulos al rincón de la bodega por la falta de los progresos que demandaba. Son los bártulos que yo no tardaría en arrebañar a vuelta de aquellos servicios mencionados. Desde entonces, han pasado teinta años, cuento con cuatro gaitas, dos tamboriles, castañuelas, sartenes sonajeras y una botella de anís para hacer carraca.

Como decía, cuando iba al pueblo mi padre se desfogaba mucho allí, tocando en sesiones impenitentes mirando a la Peña de Francia; allí amigos y vecinos le jaleaban con buena compañía de meriendas y bodegas, gratas compañías de amigos que van muriendo y que alternaba convenientemente con el sobrevalorado trabajo versallesco en el jardín de su casa de inmensos 70 metros cuadrados. Agropecuariamente hablando padre no pasó de infante, su mayor logro la plantación de un cedro que cumplió los cuarenta años y que ahora alcanza grandísimo porte.

Su tesón musical fue diríamos más enfocado a la cosa folclórica o etnomusical: tratando de recuperar o hacer acopio de tantas canciones tradicionales como populares que llegaban a su memoria o manos; transcripción de letras y música a partitura; confección de meritorios pregones y algunas ingeniosas coplas de cosecha propia, como la famosa y reconocida "oda al pedo" que no tendré ahora el mal gusto de referir pues estamos en la hora de comer. Siguiendo con la vena artística, palo fuerte de su personalidad, nuestro hombre también dio pávulo a otras aficiones tales como la canción coral o la participación en un grupo teatral aficionado. Todas actividades, hay que decir, en las que alcanzó más fuste y reconocimiento.

Su momento artistico estelar, sin embargo algo tardío, fue alcanzado con la destacada participación en la película de Basilio Martín Patino "Octavia" (2002) rodada integramente en Salamanca. Tras el éxito fulgurante en las pantallas, la canalla prensa del corazón se cebó con él al atribuirle una historia mendaz nada menos que con Penélope Cruz!! 40 años más joven que él, enamorada de sus ojitos rasgados y que nadie se molestó de desmentir; fake news, por cierto, que casí le cuesta su matrimonio en el momento en el que iba a cumplir las bodas de oro!!

Enlazando con Basilio (BMP) mi padre y éste eran de la misma generación, se conocían de la mocedad en la rancia Salamanca de posguerra, donde todos se conocían: debían ser de los mozos más espigados y románticos que paseaban sus penas por la ciudad tormesina. La película es un encargo que la ciudad hace a Basilio con motivo de la capitalidad cultural europea del mismo año.
(Para ver más información de la película y obra, clicar aquí.)
Aunque injustamente no saliera en los créditos, Patino concede a mi padre un papel más allá de figurante con boca. Con boca digo porque tiene papel y guión, hace precisamente de padre de la tonta del bote Antonia San Juan, y chupa de un primer plano excelente (como pocos he visto) en una cena familiar navideña mientras está hablando y comparte mesa con otro admirado artista, Jaume Sisa, que está medio borracho.  El periodista Javier Rioyo también aparece en la película haciendo un cameo.
Al cabo de esta fructífera colaboración BMP le regala el libreto inencontrable con su dedicatoria firmada de la película "Nueve cartas a Berta" (1966) también ambientada en Salamanca. Para mí, una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, muy adelantada a su época ramplona. Octavia no vale gran cosa, aunque un segundo visionado, tras la muerte de ambos, me ha provocado una mejor opinión.
Hay obras, las menos, que ganan con el tiempo; la mayoría en cambio sucumbe a su paso.
Primer año triunfal. Soplagaitas a la edad de 4 añitos
Tetuán. Años 60. No sé quiénes son.
Ahora pasamos a otra historia.
Hubo una relación familiar con Marruecos. De los pueblos en general conservadores de Salamanca (Béjar no es Salamanca) salieron en estampida muchos mozos rebotados del arado que acabaron en los brazos del Duque de Ahumada o engrosando las filas del penoso ejército africanista en las primeras décadas del siglo XX. Carne de cañón, estos últimos, en las refriegas militares de Marruecos, estertores del colonialismo español. Mi abuelo Manuel (al que no conocí) fue uno de ellos y creo que probó bien el betún porque he visto una foto de los años 20 con él postrado en lo que parece un hospìtal de campaña. En cualquier caso volvió a la península en los años 30 después de varias campañas desastrosas contra los rifeños, ya con cierto grado ¿llegaría a sargento? y retirado a puesto administrativo en el archivo militar que terminaría siendo de la Guerra Civil tras la victoria franquista. Murió prematuramente, creo que en 1950. 

Hay una foto familiar ¿dónde cojones estará? en la que se le ve en un acto de exaltación nacional y religiosa (lo digo por la presencia de un prelado notorio) en la cruz del Campo de San Francisco junto a Miguel de Unamuno, a la sazón rector de la Universidad. Es tan propia la imagen de 1936 que no da lugar a ninguna duda: la guerra civil ha comenzado y Don Miguel muere a final de dicho año acosado por los que vencerían sin convencer lo mas mínimo. 

Como huérfano que es mi padre y en cumpliendo la edad propia de iniciar la universidad pudo beneficiarse de esos privilegios que los hijos de la milicia vencedores tienen, ingresa en algún internado de Valladolid y estudia Derecho y Magisterio, que culmina en Salamanca. Sus otros dos hermanos, por arriba y por abajo en edad, siguieron el camino del abuelo. Manuel, mi padrino, y Juan, el menor, conocido por Juanito.
Aquí lo dejo, de momento.

sábado, 6 de enero de 2018

Por qué la Navidad ortodoxa es la Epifanía católica

Hoy es Navidad para los ORTODOXOS

Ágil, grácil y custodiada procesión ortodoxa por la inhóspita calle Compañía en Salamanca en conmemoración de la Navidad, fieles al calendario juliano, como la sopa. No me digas que es Nikomedes su pastor rumano? En efecto, Ni me digas nicomedigas es su pastor! Corre que se las pela.

 EL TIEMPO Y LOS DÍAS
El tiempo no sabe que los hombres lo cuentan. El primer intento por un cómputo universal civil en el orbe conocido fue el de Julio César en el año 46 A.C. (de ahí lo de juliano) al que siguió la bula papal de Gregorio XII en 1582 (de ahí lo de gregoriano). Para ajustar al año trópico y en consecuencia al año litúrgico, cuya fecha fundamental es la Pascua de Resurrección "Xristó anesti. Alithos Anesti!* (el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinocio de primavera en el hemisferio norte) hubo de adelantar 10 días el calendario. En consecuencia, suponemos que aplicando los "recortes" ese año realmente hubo 10 días menos. Por la cara. Ese adelanto se ha ido acumulando en relación con el calendario litúrgico ortodoxo, que ha seguido fiel al anterior calendario juliano a pesar de los decretos adoptados por los países de tradición ortodoxa en el siglo XX: Rusia, en 1918 y Grecia, el último, en 1923, adaptándose al moderno gregoriano que funcionaba en el resto de la Europa cristiana.
Cuento, 10 días más, en 1582. En 2012, 14 días más
Como curiosidad, la más famosa revolución, "La Revolución de Octubre", así llamada porque tuvo lugar el 25 de octubre de 1917, según el calendario vigente de la Rusia zarista, no fue tal, es decir, de octubre. ¡No hay ciudad ni aldea rusa que no tenga una calle dedicada a este fecha!. Los bolcheviques cambiaron de calendario al año siguiente y se quedaron sin octubre revolucionario. Hay que ver! se comieron 14 días de una tacada, pasándose a celebrar oficialmente desde entonces un inconsistente 7 noviembre. Así se entienden muchas cosas de aquel mundo ya casi fenecido, entre surreal e hiperealista. Así es cómo entiendo el motivo por el cual los bolcheviques recalcitrantes persisten en celebrar durante 2 semanas, que es el tiempo de desfase entre los dos calendarios.
-¡Los leninistas se apuntan a los dos calendarios! No se conforman con momificar a Lenin, que es como parar el tiempo. Y así les dura la fiesta más que San Fermín a los pamplonicas!
Gorbachov, esto es lo más impopular que hizo, plantó cara a la vodka (sin éxito) Siendo del Sur desconocía que esta bebida en sangre permite que los cuerpos resistan la congelación. Yeltsin se sumó a la fiesta, pues había sido bautizado secretamente inmerso en espirituoso por sus abuelos kulaks de Yekaterinburgo. No obstante Putin, el pobre Putin, es sencillamente abstemio.
*Cristo ha resucitado! A lo que respondemos: -¡En verdad ha resucitado!

jueves, 4 de enero de 2018

Skatological dream!

Skatological dream
Se produce la paradójica confluencia semántica del término Escatología.
Por una parte la preocupación por los excrementos y por otra el fin último de la vida o existencia humana, en su ánimo de trascendencia. Es curioso el caso, y queremos explicarlo aquí.

Excluyendo el sufijo común lógos (λόγος) que significa estudio, utilizado para las ciencias, provienen de la misma raíz:
1. Skatós (σκατός) ó Eskatá, que un griego rápidamente te dice que es ¡mierda! palabra que emplea a diario en su vocabulario coloquial, igual que hacemos nosotros cuando algo te sale mal. En consecuencia, escatología vendría a ser el estudio de los excrementos...

2.  Y Ésjatos (έσκχατοσ) que significa último, o sea, el destino último del hombre tras la muerte  cuando el cuerpo está ya destinado a su descomposición. El vértigo que te entra cuando todo se acaba. A no ser, claro, que te conviertas en adorable momia, como Vladimir Ilich Uliánov.

El amigo en pleno rapto leninista, con su permiso
Ambos significados confluyen por  mágica transcripción del griego a la misma palabra hecha ciencia: la Escatología

Pero seguimos sin dilucidar las cuestiones fundamentales: 
¿Cuál es el destino final del hombre, de nuestras almas y de la humanidad entera? ¿Qué será de nosotros cuando hayamos muerto?
Y queda claro que hay dos finales. El del cuerpo y el del alma. 
Un futuro con gusanos y otro sin gusanos, uno para el que no quiera creer y otro para el que quiera creer. Lo que nos da pie para un final abrupto y resolutivo:
Pues tiremos de la cadena.
¡Que pase el siguiente y que deje su presente!
Que viéndolo bien, el presente es un regalo. Y el regalo, la vida.
Por eso nos consuelan tanto la terrenal Escatología, la que nos asegura el campo abonado y fertiliza la tierra, como la sublime Escatología -la materia etérea de la Teología- dispuesta a echarnos un cable allí donde la biología marxista-leninista no llega ni puede llegar. Gracias Jesús Alonso por la iluminación de tu rapto: 
Más allá de la muerte y la descomposición de los cuerpos hay vida. Porque estás vivo ¿no, Jesús?

jueves, 28 de diciembre de 2017

Irredento destacamento

la pandilla de gañanes cosacos con el amigo cazador del capitán, atrás
El capitán geógrafo Mkrtchyan emprende nueva aventura solsticial por el confín de la raptada Europa. Al servicio del Zar se pone al frente de un destacamento de ucranios suicidas procedentes del Донецк (Donetsk) Su-Misión, pastorearlos. 
Estos cosacos del Don matan por el Самогон (samagón, el vodka casero de maíz) Y no pueden vivir sin el сало (salo, pronunciado sala, el tocino salado y pimentado) Una vez empiezan a beber ya no paran hasta caer en trance suicida y pueden cometer cualquier locura antes de se acabar... El capitán lo ha visto muchas veces, lo sabe pero no puede evitar el candor etílico. Los síntomas son engañosos al principio: tan pronto se adoran y se quieren eterna y jubilosamente, como de repente se abren el vientre como si tal cosa; con pasmo y fruición se contemplan el intestino fuera.


Cuando llega la pavorosa похмелье (pajmelia, la resaca) y con él el delirio, el capitán actúa con extrema frialdad: aprovecha el bendito momento de la comunión, cuando yerguen sus brazos como troncos para ensalzar la amistad imperecedera de los pueblos, algo por lo que ya han brindado cien veces. Sólo entonces se puede evitar la tragedia, es el momento de cantar, cantar fuerte y pavoroso, cantar al estilo pavarotti... Cantan por el Don y su vega dulce y sinuosa, cantan por la madre que los parió, por los caballos de la estepa, por la tierra negra y cencellada, por las mujeres de largas coletas, por el tomate llamado pomidor y sus variante pomidorchiki...



Camaradas gregarios y mercenarios del Bogatyr se alistan a las misiones mas duras y arriesgadas en la frontera. Y juran fidelidad a su capitán que saben que nunca les abandonará cuando levantan los brazos con sus copas. Trabajan, comen, duermen y beben juntos, las holganzas y aliviaderos no son permitidos. Son cosacos recalcitrantes y sólo necesitan un capitán amoroso que les cuide y protega de sí mismos.  Son estajanovistas y volverán, como el arriero yangües de sus buhonerías, a las tierras del Don apacible de Shólojov cargados con el botín: euros obtenidos en la foresta francesa.

Coyundarán con su Natacha, con su Lenochka o con su Svetochka... y al año siguiente habrá mas cosaquiitos, con su compulsiva y genética tendencia autodestructiva.
¡Menos mal que el capitán Mkrtchyán los cuida!

miércoles, 27 de diciembre de 2017

El nido esquinero de Valentín

nido esquinero
Valentín Ginés
Valentín Ginés nos convocó a un debate sobre sus dos primeros libros el 4 de setiembre de 2001 a las 7 de la tarde en la "Galería 99" de Hervás, del otro lado del puente de la Fuente Chiquita, el café-taller de Abderamón que ya no existe. Ahotra dispongo de los recuerdos en perspectiva con más de tres lustros a la espalda. Sería un martes cualquiera si no fuera porque una semana más tarde ocurrió el atentado de las Torres Gemelas, que él vaticinó de un modo extraño. 
Y lo hizo fiel a su estilo provocador, a través de una de sus notas, deslizadas por la rendija de la puerta en la calle Reconquista donde entonces residíamos. Nos tenía acostumbrados a sus notas crípticas:
Espero verte por allí para oír tu opinión, sea a favor, en contra o neutral (habrá caramelos para los pelotilleros) Dentro de una semana ya no habrá caramelos, ni se hablará de ellos.
Jo, qué tío, acertó! Y no se volvió a hablar de los caramelos. Las niñas eran muy pequeñas todavía. Él las llamaba ratitas, le gustaba hacerles rabiar. Durante ese verano, puntualmente como eran todas sus costumbres, cada mañana con la fresca el muy sinvergüenza instalaba en la calle peatonal su pequeño puesto bíblico compuesto por una caja de cartón inversa, porque la volvía del revés, a modo de mesa de campaña y mostrador; además, su silla playera de pinza y su mochila llena de libros. Trataba de vender ejemplares de sus dos primeras obras de terror entre los vecinos y turistas desprevenidos, atraídos por el imán de sujeto tan pintoresco y por el reclamo insuperable de alguna cajita de cerezas picota. A él le gustaba hacerse el loco, que le compadecieran y a fe que lo lograba:  
-Hervás, paseos, charlas y reflexiones- y -Hervás, la ternura del cerezo- eran sus dos prometedores títulos, como dos disparos certeros hacía el corazón del pueblo, a sus insignes personajes y a sus vivencias de cronista cargadas con toneladas de ironía destilada, ácida e irreverente...
Ambas obras autoeditadas por un sospechoso CEDI, acrónimo que no escondía el sospechoso "Centro de Diálogo" que él mismo regentaba, no era otra cosa que una burda tapadera, un envoltorio en el que se envolvía el primer gabinete psicológico amateur del pueblo, él no lo sabía o sí? qué importa. Después vendrían otros.
Tras sus dos primeros atentados escritos, como él mismo los definía, heraldos del talibanismo emocional todavía en estado puro,  vinieron otras dos invectivas más, de menor calibre:  Hervás, con los brazos abiertos (2002) más introspectiva, y la última, podemos concluir, la que sería su póstumo legado manuscrito, aún  inédito y reposante en manos albaceas que conozco...

Hemos dicho póstumo, si, porque lo damos por muerto y tuvo el buen gusto de no despedirse de los demás, los que le tratamos con prodigalidad y en algún momento, incluso, llegamos a quererle. Desapareció como el que se va a por pan y ya no vuelve, pero lo dejó todo para despedirse de verdad, en silencio y de forma muy preparada. Dejo caer el bulo y cundió el rumor  al cabo de unos meses de ausencia de que se fue a un viaje oriental (sin retorno) que tomó un barco ultramarino y que se plantó por el camino de la mar océana  a compartir sus sueños y pesadillas con sirenas y gorgonas.  
En realidad, Valentín lo había dejado todo mucho tiempo antes cuando se marchó de Madrid y su trabajo de altos vuelos, Iberia, para someterse él mismo, por propia voluntad, a su propio exterminio emocional. Lo hizo en cámara lenta por medio de la terrible penitencia krisnamurtiana, que llevó a sus últimas consecuencias. Sin embargo, en algún momento, me confesó que sus humanas fuerzas flaqueaban, pero ya no pudo tomar el camino de vuelta, un camino al que había dedicado tanto tiempo despejar. Era tan sensible, tan aristocrático, su conversación tan genuina e iconoclasta, que no podías por menos que quererle. ¡Qué tío, qué patricia cabeza tenía! Pero terco, terco como una mula.

La verdad es que nunca le faltó clientela a este gurú en su desenfrenada empresa mayeútica; ya fueran sus víctimas los desprevenidos paisanos o los forasteros despistados de esta villa singular del norte de Cáceres. Más que el diálogo que publicitaba en su CEDI lo que a él le gustaba de verdad era tirar de la lengua a los demás, llevarlos al frondoso jardín de las emociones donde enteramente se deleitaba. Aprecié un cierto sadismo en este tipo de prácticas. Pincharles incisivamente allí donde más dolía, extraerles a partir de preguntas, en apariencia ingenuas o inocentonas, la ponzoña y el resentimiento que acarreaban de un modo latente desde no sé sabe cuando. Era un maestro en esto, tiernamente insoportable. Con lo que no contaba era con el peso de su propio sufrimiento. Sufría como un bendito en soledad, no sufría porque le despreciaran, eso le importaba un pito. Le gustaba recibir visitas, llegó a apadrinar a algún pobre diablo, pero la prueba total de la convivencia consigo mismo era la más dura. Creo que se dio cuenta finalmente que le desbordaba.
Parece mentira, visto con tres lustros de distancia, cómo hasta su guarida los gentiles llegaban con tan sólo un risueño señuelo de unas letras pintadas por su mano en la parte baja de un muro de piedra, que previamente él había enjalbegado, en una esquina de "Las Esquinas Altas". Hoy, ya marchitas estas letras, aún se pueden apreciar los restos de cal de lo que fue un letrero reluciente. Todo esto era suficiente para conducir al caminante despistado que se dejaba llevar por la curiosidad siguiendo unas pistas dejadas cual juego infantil. Sucesivas flechas amarillas en piedras o en árboles del camino que desembocaba de repente en un callejón sin salida, donde se encontraba la casita del bosque en la que monásticamente vivía.
 

Así conocí a Valentín Ben Ginés el mismo primer día que llegué a Hervás un siete noviembre de 1996, y lo hice para quedarme una larga temporada, pues allí crié dos hijas.
El día anterior asistí a la sesión del cine-club hervasense. La película no podía ser otra: Dersu Uzalá, de la que conservo el cartel no sé dónde.