sábado, 28 de abril de 2012

LSD-12 La lámpara del cuerpo es el ojo

La lámpara del cuerpo es el ojo; 
cuando tu ojo es bueno, 
también todo tu cuerpo está lleno de luz.


Nuevo Testamento. Lucas 11.34

viernes, 27 de abril de 2012

Salamanca la Blanca, versión apócrifa del abuelo


Salamanca, la blanca
(charrada tradicional original)

 Salamanca la blanca,
 Salamanca la blanca,
 ¿quién te mantiene?
¿quién te mantiene?

  Cuatro carboneritos,
  Cuatro carboneritos
  que van y vienen.
  que van y vienen.
 
  Cómo quieres que tenga,
  cómo quieres que tenga
  la cara blanca,
  la cara blanca,

  siendo carbonerito,
  siendo carbonerito
  de Salamanca,
  de Salamanca,

Salamanca la blanca
  ¿Cuándo volveré a verte?
Mi Salamanca,
Mi Salamanca!

ESTRIBILLO
  Mozos de mantilla,
  mozos de montera
  estos cuatro charros
  son de Macotera
 
"El todoterreno"
(versión apócrifa adaptada por el abuelo para su nieto)

Manuel Martín Herrero
Manuel Martín Herrero
Ay, qué bien juega
Ay qué bien juega

Ni siquiera Ronaldo
Ni siquiera Ronaldo
mete más goles
que tú en la puerta

Cómo corres la banda
Cómo corres la banda
y cómo centras,
y cómo centras

Manuel Martín Herrero
Manuel Martín Herrero
mete más goles,
Sergio le centra

ESTRIBILLO
Llevas un escudo
del Real Madrid
como Iker Casillas
y como Higuaín

Referencia literaria 
Una de las versiones más interesantes de nuestra seguidilla es la que el gran maestro de la prosa en español, Rafael Sánchez Ferlosio, engastó y comentó en su novela Industrias y andanzas de Alfanhuí: 
En marzo y abril comenzó la abuela de nuevo con sus fiebres y sus tareas, y en mayo, las botas del abuelo volvieron a las arcas. Alfanhuí se calzó las alpargatas de caminante y partió sus dineros con la abuela:

–¡Adiós, abuela Ramona!
Alfanhuí tenía ahora el verano y el camino delante de sus ojos y pasó las montañas hacia el norte, a Castilla otra vez. Los caminos estaban poblados de pájaros y de caminantes. De los primeros segadores que bajaban del norte, a las cebadas tempranas; de carros de bueyes o de mulos, que paraban en los mesones de la carretera con sus cargas de carbón de encina o de alcornoque. Y esto ya lo decía un cantar:
Salamanca la blanca,
¿quién te mantiene?,
cuatro carboneritos
que van y vienen.
Los carboneros eran tímidos y cortos para contestar, y por andar con lo negro y porque nadie les robaba la mercancía, se sentían menos que ningún hombre. Formaban en los mesones su grupo oscuro en un rincón, o si había otros caminantes, se salían al sereno a fumar y a mirar la luna sobre la carretera. Las mesoneras echaban el vino con desprecio, porque en el verano todos los pobretones andan sueltos por los caminos. Tampoco los segadores eran gran cosa para las mesoneras, aunque venían de más lejos. Toda era gente dura que no pedía más que vino y pagaba lo justo y traía los huesos hechos a no pedir camas ni melindres.



Además, y desde que, a partir de los inicios del siglo XX, se fue desarrollando un movimiento de recuperación, de exhibición en espectáculos públicos y de explotación comercial de los cantos folklóricos (regionales, solían llamarse) que llevaron a cabo los que fueron denominados grupos de coros y danzas, y también las Misiones Pedagógicas de la República y la Sección Femenina franquista, la vieja canción de Salamanca la blanca ingresó dentro de ese tipo de repertorio, que ha acuñado versiones vulgatas, inmutables, clónicas (distintas de las verdaderamente tradicionales, en permanente cambio y evolución) que son las que hoy más se conocen. En la actualidad, la canción forma parte, también, del repertorio de diversos grupos de folk (sobre todo de la región salmantina, que la ha casi adoptado como himno oficioso) que la cantan sobre los escenarios y la registran, distribuyen y comercializan –acuñando versiones igualmente vulgatas– en soportes sonoros que llegan a alcanzar regular difusión.

Fte: Revista de Folklore, nº 320, año 2007, pp. 39-41


jueves, 26 de abril de 2012

Dehesa Capparrensi

Los caparrones hispano-romanos creo yo que vendrían por aquí a pescar (por poner algo)

sábado, 21 de abril de 2012

Uma pessoa i-lusa, Fernando Pessoa

Fernando, PERSONA
Fernando Pessoa, por boca -creo- de Ricardo Reiss, decía que El poeta es un fingidor. Veamos.

El poeta es un fingidor.
Finge tan profundamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive,
Sino aquél que no han tenido.
Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.

 Y por boca de Alvaro Campos, en su Libro del Desasosiego. Extraemos 4 fragmentos

Un persona extraordinaria
(Fragmento I)
Nubes... Hoy tengo conciencia del cielo, pues hace días que no lo miro pero lo siento, viviendo en la ciudad y no en la naturaleza que la incluye. Nubes... Son ellas hoy la principal realidad, y me preocupan como si el velarse del cielo fuese uno de los grandes peligros de mi destino. Nubes... Pasan desde la barra hacia el Castillo, de Occidente a Oriente, en un tumulto disperso y desnudo, blanco a veces, se ven desarrapadas en la vanguardia de no sé qué; medio-negro otras, si, más lentas, tardan en ser barridas por el viento audible; negras de un blanco sucio, si, como si quisiesen quedarse, ennegrecen más de la venida que de la sombra lo que las calles abren de falso espacio entre las líneas cerradas de las casas.
Nubes... Existo sin saberlo y moriré‚ sin quererlo. Soy el intervalo entre lo que soy y lo que no soy, entre el sueño y lo que la vida ha hecho de mí, la medida abstracta y carnal entre cosas que no son nada, siendo yo también nada. Nubes... ¡Qué desasosiego si siento, qué desconsuelo si pienso, qué inutilidad si quiero! Nubes... Están pasando siempre, unas muy grandes, pareciendo, porque las casas no dejan ver si son menos grandes de lo que parecen, que van a ocupar todo el cielo; otras de tamaño incierto, que pueden ser dos juntas o una que va a partirse en dos, sin sentido en el aire alto contra el cielo cansado; otras aún, pequeñas, que parecen juguetes de poderosas cosas, bolas irregulares de un juego absurdo, sólo hacia un lado, en un gran aislamiento, frías.
Nubes... Me interrogo y me desconozco. Nada he hecho de útil ni haré de justificable. He gastado la parte de la vida que no perdí en interceptar confusamente cosa ninguna, haciendo versos en prosa a las sensaciones intransmisibles con que hago mío el universo desconocido. Estoy harto de mí, objetiva y subjetivamente. Estoy harto de todo, y del todo de todo. Nubes... Son todo, desarreglos de lo alto, cosas hoy sólo ellas reales entre la tierra nula y el cielo que no existe; harapos indescriptibles del tedio que les supongo; niebla condensada en amenazas de color ausente; algodones en rama sucios de un hospital sin paredes.
Nubes... Son como yo, un pasar desfigurado entre el cielo y la tierra, al sabor de un impulso invisible, tronando o no tronando, alegrando blancas u obscureciendo negras, ficciones del intervalo y del error, lejos del ruido de la tierra y sin tener el silencio del cielo. Nubes... Siguen pasando, siguen siempre pasando, pasarán siempre siguiendo, en un enrollamiento discontinuo de madejas empañadas, en un alargamiento difuso de falso cielo deshecho.
15-9-1931.

(Fragmento II)
Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no sean la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única. Comprendo bien que el hombre que está delante de mí, y me habla con palabras iguales a las mías, y me ha hecho gestos que son como los que yo hago o podría hacer, sea de algún modo mi semejante. Lo mismo, sin embargo, me sucede con los grabados que sueño de las ilustraciones, con los personajes que veo de las novelas, con los personajes dramáticos que en el escenario pasan a través de los actores que los representan.
Nadie, supongo, admite verdaderamente la existencia real de otra persona. Puede conceder que esa persona está viva, que siente y piense como él; pero habrá siempre un elemento anónimo de diferencia, una desventaja materializada. Hay figuras de tiempos idos, imágenes espíritus en libros, que son para nosotros realidades mayores que esas indiferencias encarnadas que hablan con nosotros por encima de los mostradores, o nos miran por casualidad en los tranvías, o nos rozan, transeúntes, en el acaso muerto de las calles. Los demás no son para nosotros más que paisaje y, casi siempre, paisaje invisible de calle conocida.
Tengo por más mías, con mayor parentesco e intimidad, ciertas figuras que están escritas en los libros, ciertas imágenes que he conocido en estampas, que muchas personas, a las que llaman reales, que son de esa inutilidad metafísica llamada carne y hueso. Y "carne y hueso", en efecto, las describe bien: parecen cosas recortadas puestas en el exterior marmóreo de una carnicería, muertes que sangran como vidas, piernas y chuletas del Destino.
No me avergüenzo de sentir así porque ya he visto que todos sienten así. Lo que parece haber de desprecio entre hombre y hombre, de indiferente que permite que se mate gente sin que se sienta que se mata, como entre los asesinos, o sin que se piense que se está matando, como entre los soldados, es que nadie presta la debida atención al hecho, parece que abstruso, de que los demás también son almas.
Ciertos días, a ciertas horas, traídas mí por no sé qué brisa, abiertas a mí por el abrirse de no sé qué puerta, siento de repente que el tendero de la esquina es un ente espiritual, que el hortera, que en este momento se inclina a la puerta sobre el saco de patatas, es, verdaderamente, un alma capaz de sufrir.
Cuando ayer me dijeron que el dependiente de la tabaquería se había suicidado, sentí una impresión de mentira. ¡Pobrecillo, también existía! Lo habíamos olvidado, todos nosotros, todos nosotros que le conocíamos del mismo modo que todos los que no le conocieron. Mañana le olvidaremos mejor. Pero que tenía alma, la tenía, para que se matase ¿Amores? ¿Angustias? Sin duda... Pero a mí, como a la humanidad entera, me queda sólo el recuerdo de una sonrisa tonta por encima de una chaqueta de mezclilla, sucia, y desigual en los hombros. Es cuanto me queda, a mí, de quien tanto sintió que se mató de sentir porque, en fin, de otra cosa no debe de matarse nadie... Pensé una vez, al comprarle cigarrillos, que se quedaría calvo pronto. Al final, no ha tenido tiempo de quedarse calvo. Es uno de los recuerdos que me quedan de él. ¿Qué otro me había de quedar si éste, después de todo, no es suyo, sino de un pensamiento mío? Tengo súbitamente la visión del cadáver, del ataúd en que le han metido, de la tumba, enteramente ajena, a la que tenían que haberle llevado. Y veo, de repente, que el dependiente de la tabaquería era, de cierta manera, chaqueta torcida y todo, la. humanidad entera.
Ha sido tan sólo un momento. Hoy, ahora, claramente, como hombre que soy, él ha muerto. Nada más.
Sí, los demás no existen... Es para mí para quien este ocaso remansa, pesadamente alado, sus colores neblinosos y duros. Para mí, bajo el ocaso, tiembla, sin que yo le vea correr, el río grande. Ha sido hecha para mí esta plaza abierta sobre el río cuya marea se acerca. ¿Ha sido enterrado hoy en la fosa común el dependiente de la tabaquería? No es para él el ocaso de hoy. Pero, de pensarlo, y sin que yo quiera, también ha dejado de ser para mí...
26-1-1932.

(Fragmento III)
En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde sea pronto noche, disfruto de errar sin pensar entre lo que la ciudad se vuelve, y ando como si nada tuviese remedio. Me agrada, más a la imaginación que a los sentidos, la tristeza dispersa que está conmigo. Vago, y hojeo en mí, sin leerlo, un libro intersperso de imágenes rápidas, del que voy formándome indolentemente una idea que nunca se completa.
Hay quien lee con la misma rapidez con que mira, y concluye sin haberlo visto todo. Así saco del libro que se me hojea en el alma una historia vaga por contar, memorias de otro yo vagabundo, con avenidas de parques en medio, y figuras de seda varias, pasando, pasando.
Indiscrimino con tedio y otro. Sigo, simultáneamente, por la calle, por la tarde y por la lectura soñada, y los caminos son verdaderamente recorridos. Emigro y descanso, como si estuviese a bordo con el navío ya en altamar.
Súbitamente, los faroles muertos coinciden luces en las prolongaciones dobles de una calle larga y curva. Como un batacazo, mi tristeza aumenta. Es que se ha terminado el libro. Hay tan sólo, en la viscosidad aérea de la calle abstracta, un hilo exterior de sentimiento, como la baba del Destino idiota, goteando en la conciencia del alma.
Otra vida de la ciudad que anochece. Otra alma la de quien mira a la noche. Sigo inseguro y alegórico, irrealmente sintiente.
Soy como una historia que alguien hubiese contado y, de tan bien contada, anduviese carnal, pero no mucho, en este mundo novela, en el principio de un capítulo: "En este momento, se podía ver a un hombre avanzar lentamente por la calle de..."
¿Qué tengo yo que ver con la vida?
13-7-1931.

(Fragmento IV)
No creo en voz alta en la felicidad de los animales, sino cuando me apetece hablar de ella como marco de un sentimiento que es la suposición derivada. Para ser feliz es necesario saber que se es feliz. No hay felicidad en dormir sin sueños, sino solamente en despertarse sabiendo que se ha dormido sin sueños.
La felicidad está fuera de la felicidad.
No hay felicidad sino con conocimiento. Pero el conocimiento de la felicidad es infeliz; porque saberse feliz es conocerse pasando por la felicidad, y teniendo, en seguida, que dejarla atrás. Saber es matar, en la felicidad como en todo. No saber, sin embargo, es no existir.
Sólo el absoluto de Hegel ha conseguido, en las páginas, ser dos cosas al mismo tiempo. El no-ser y el ser no se funden y confunden en las sensaciones y razones de la vida: se excluyen, mediante una síntesis al revés.
¿Qué hacer? Aislar el momento como una cosa y ser feliz ahora, en el momento en que se siente la felicidad, sin pensar más que en lo que se siente, excluyendo lo demás, excluyéndolo todo. Enjaular al pensamiento en la sensación, (...) la clara sonrisa maternal de la tierra plena, el esplendor cerrado de las tinieblas altas, (...)
Es ésta mi creencia, esta tarde. Mañana por la mañana no será ésta, porque mañana por la mañana seré ya otro. ¿Qué creyente seré mañana? No lo sé, porque sería preciso estar allí para saberlo. Ni el Dios eterno en el que hoy creo la sabrá mañana ni hoy, porque hoy soy yo y mañana quizás ya no haya existido él nunca.

jueves, 19 de abril de 2012

LSD-10. La sentencia de Paulino

El tiempo de asueto que mi trabajo dispone ha sido empleado de forma generosa en leer su sentencia. De cabo a rabo y con temple. 16 foleos, 16.
Todo un maravilloso ejemplo de alta literatura.
Me encanta el derecho y su argumentario, ¡¡qué formalidad, qué precisión, qué pulcritud!! Es un género literario insuficientemente reconocido y de cuyo ejercicio se obtienen notables ventajas que repercuten en el manejo de la pluma y te habilitan para tratar con el mismo lenguaje voraz que la administración emplea.

No presta ni permite ejercicio de imaginación, es cierto; a lo más indicios o suposiciones que tienen que venir avalados por hechos. Todo lo superfluo, todo lo que no conduzca a algo probatorio resulta ser inútil.
¿Cómo se desgrana la trama? ¿cómo se explican las cosas? ¿por qué unas valen y otras no? .
Detalles, aspectos, regodeos casi concupiscientes y vericuetos legales...
En fin, yo veo que las cosas de verdad -donde está la pomada- se gana en los juicios. Por alguna razón EE.UU. es el país de los pleitos y los abogados; sin embargo en nuestro país el pleito tiene muy mala prensa, debido a nuestro característico complejo de quijotes. El abogado es tachado de picapleitos de forma muy despectiva.
Bien, por hacer ya chanza y chacota, le digo:  
cuando quieras te doy una charla jurisprudente con los no considerados aspectos médico-festivos de la cuestión. Darían lugar a otros 2 ó 3 foleos.

Y, por supuesto, los aspectos jubiloso-celebrativos
No cabe duda, tú tienes que invitar , ¡y bien bien! Entiende que nos tenías mal acostumbrados con las humillaciones y ofensas recibidas y nos tenemos que resarcir todos aquello que todavía increíblemente te estimamos molt y que no son muchos desde que te fuiste con PP Isbert.

Y otra más, relativa al comentario en "El mundo de Canela":

Que bueno nos es dado
haber lugar en solaz,
un ver-despacio contemplar,
haber un huerto recoleto,
un paraíso despistado.

Hallar una cantina luego,
nos diría Alvaro Cunqueiro.
Un convento procaz
un can leal hortelano
y un canalla, compañeiro!

(y tú, humillado,
no te ofendas
que has ganado,
toda vez que el juez,
por tí, ha fallado!!)

martes, 17 de abril de 2012

Redoble


Redoble, redoble, vuelve a redoblar
con este redoble me vas a matar.
Me vas a matar, me voy a morir,
con este redoble vuelve a repetir
....
En Cáceres, 14 de abril, día grande republicano...y redoblando!!



 (gentileza de Son)

lunes, 16 de abril de 2012

Recuerdo de Paco "El Gorgo" y de allí al recuerdo de Madrí

(He encontrado esta foto de Paco en una de sus actuaciones. El también era algo músico.
Fte: Noticias Comarca Alhama-Linares. Junio 2010) 

 Al amigo Paco Heras, más conocido como El Gorgo, le descerrajaron varios tiros al regresar de sus vacaciones en el inicio de la campaña de incendios de hace dos años. El loco, compañero de trabajo que le mató, le tenía inquina al parecer, y la tomó con él. Para mí fue un mazazo muy gordo porque había estado hablando con él por teléfono dos días antes. Apenas nos veíamos por la distancia pero manteníamos incólume nuestra amistad. Yo andaba hecho una pena, sicológicamente hablando, extraditado en Villanueva de la Serena (profundo Badajoz, le llaman la Siberia a la zona) y me animaba con su "serenidad rijosa" y un próximo encuentro prometido pero que no pudo llegar. El siguiente viaje a Arnedo que hiciera sería para dar el pésame a su desgraciada familia.
Lo de llamarle Gorgo le venía por lo vivaracho que era, como un gorgojo, un alias que le venía al pelo; era menudo aunque fuerte y ágil y tenía un afilado perfil de pájaro; no paraba quieto y no se callaba ni debajo del agua, siempre contendiente. A lo largo de su truncada vida fue perfeccionando sus dotes innegables de hábil seductor, sin embargo los últimos años le vi mucho más apaciguado. Dejó mujer, de Cornago, y dos hijas pequeñas. 

Estaba enamorado de la finca que se había comprado en la parte del Planarresano, en Arnedo, y allí pasaba sus muchas horas libres, con sus cultivos, sus gallinas y planes varios. Era ciertamente un personaje altivo, no mostraba debilidad ante nada ni nadie, amigo de sus amigos, pero también enemigo de sus enemigos, ganados no por faenas propias sino por ser objeto de envidias o maledicencias.

Nacido en una humilde casa, su padre procedía de un pequeño pueblo de las Tierras Altas de Soria, Estepa de San Juan, del cual emigró a finales de los 50 o principios de los 60, penúltimo en una numerosa prole, aprendió pronto el arte de la supervivencia. Lo que más me gustaba de él, aparte de su buen humor y chascarrillos con los que nos deleitaba, es que no tenía complejo, o sí, por su baja cuna. Despreciaba a los ricos, pero más que a los ricos el adorno que hacían de su vacua intelectualidad o fuste. Él tenía una muy buena cabeza, y rápida, y se daba cuenta que las diferencias sociales -que él no respetaba- eran una estupidez impuesta en parte por la tradición servil de los menesterosos. Amaba profundamente la vida, era un disfrutón que fue evolucionando hacía la contemplación con la madurez en cuyo umbral se hallaba.

No sé exactamente cómo nos conocimos -yo era mayor que él en uno o dos años- pero fue muy al principio de llegar a Arnedo en el 73 o en el 74, con 9 o 10 años. Lo seguro es que tuvo lugar en su barrio, en alguna de mis primeras incursiones por la zona del Calvario y las Cuevas del riojano, donde él vivía por encima. Entonces había mucha gente menuda por allí, jolgorio por las calles (algunas de tierra todavía), se jugaba en las eras al fútbol, a pelota mano en el viejo frontón de la Fuente de Santiago, se hacían cuadrillas entre los chiquillos para hacer las peñas y el zurracapote, etc. También recuerdo que se hacían tareas de calzado en los bajos y portales de las humildes casas; había gallinas, cabras, perros ladrantes, bodegas olorosas que perfumaban con su aliento nuestros juegos callejeros...

Gorgo era una persona muy despierta, de las personas más observadoras y curiosas que he conocido. De hecho, su falta de formación académica era suplida ampliamente por ese su gran poder de observación. Había dejado la escuela para ponerse a trabajar pero luego pudo sacarse su capacitación forestal, creo que en Almazán, Soria. Podría contar anécdotas que dejaron pasmado a más de uno. A mi madre, por ejemplo, nada más conocerla cuando fue a buscar la bici que yo le prestaba, le espetó. "¿Vd. tiene dentadura postiza?" y le dejó  planchada de una pieza. ¿Será posible el descaro del gorgojo? Ya digo, no se cortaba. Estoy casi seguro que éste se acercó a mí porque llamé su atención. Yo era para él desde luego un bicho raro, un niño de ciudad que no había visto antes: no decía palabrotas como los demás, ni el famoso cago en dios ni en la virgen o en el copón, que todos repetían como mantras con absoluta naturalidad. Se sentía un poco el principito del barrio y lo conseguía no por la fuerza del matón (que no lo era) sino por su gracia y capacidad de liderazgo. Como compartíamos ambos devoción por el fútbol rápidamente entablamos amistad aún perteneciendo a mundos y estratos diferentes: competíamos por la dirección del juego en el centro del campo. 

Yo aprendí mucho de él y creo que él también de mí, ya que también le ofrecí entrar en el mundo al que no pertenecía, que supongo sentiría vedado, de la pequeña burguesía local. Empezamos a bajar juntos a los campos de fútbol de las profesionales (las escuelas de oficios) donde iban los que terminaban la escuela y no iban ni a las fábricas ni podían aspirar a estudiar bachillerato en el instituto, mucho más exigente para las familias trabajadoras porque requería una inversión de tiempo de plazo más largo mientras que el recurso del trabajo y el parco dinero rápido estaba al alcance de la mano. Decía bajar a las profesionales porque ese centro de formación estaba cerca ya del río Cidacos en la carretera que va a Turruncún, poco antes de llegar al puente grande y antes de la fábrica de Los Sevillas, donde trabajaba mi padre en las oficinas. A veces también parábamos en el frontón grande que esta empresa tenía en su solar fabril. El portero, Dámaso, consumado pelotari como su hijo homónimo, nos dejaba pasar a los muchachos a jugar. Se nos inchaban nuestras pequeñas manos ya que las pelotas eran muy duras, pero decían que así se hacían más grandes y fuertes...

Me veo tentado ahora a hablar del perfil sociológico del emigrante que llegó a Arnedo con el aluvión de aquellos prodigiosos años, cuando hacía falta tanta mano de obra para satisfacer la actividad manufacturera del calzado; yo desde luego no cumplía ese perfil habitual aunque técnicamente también era un emigrante más. La mayoría eran andaluces y sorianos que huían de la miseria rural de sus tierras. Nosotros, mi familia quiero decir, veníamos de Madrid, a donde también habíamos emigrado en un paréntesis de tan sólo dos años siguiendo los destinos de mi madre, profesora de instituto (determinada ya a dejar la gran capital, donde su salud mermó bastante a causa de una pleuresía) Para mis padres era la segunda experiencia en La Rioja: antes, recién casados, habían recalado en Calahorra donde yo seguramente fui concebido y pasamos los primeros años familiares. Mi padre volvía ahora a trabajar como jefe de ventas de la más importante fábrica de calzado, Los Sevillas, que ya he mencionado, y mi madre a su docencia de griego y latín en el naciente Instituto de Bachillerato, del que acabaría siendo directora.

Nosotros huíamos del ciclón de la gran ciudad que aparte de la merma en la salud de mi madre supuso un notable desarraigo para todos nosotros. Aquellos años madrileños parecen una ventana oscura y casi vacía en nuestro curriculo familiar. Entonces veíamos poco a nuestros padres en el día a día, estábamos "seminternos" en un colegio cercano a nuestra casa en el barrio de La Prosperidad, donde nos quedábamos para comer, mi madre trabajaba en un barrio bizarro del extrarradio, creo que Canillejas al que tenía que ir cogiendo el famoso autobuis P-2 y mi padre en San Sebastían de los Reyes con gafas Barbudo, al norte de la capital. Tras el cole estábamos en el parque de abajo de casa jugando al fútbol o bien íbamos algún día al gimnasio Moscardó, donde nos iniciamos en la práctica del judo.

Entonces mi padre usaba perilla, a juego con las gafas barbudas y fumaba en cachimba. Se parecía a Balbín, el del programa de La clave, el mejor programa de debate serio (cultura y política) que nunca hubo en televisión española, cuando Pedro Macía, hoy finado, presentaba los telediarios. Mi padre, aunque era y es de derechas, parecía (esto me he dado cuenta después, claro) del núcleo duro del comité central del PCE o abogado laboralista, alguna vez (pocas) le ví que compraba Triunfo o Cuadernos para el Diálogo. Políticamente hablando lo más destacado fue que asistimos en Madrid a los estertores de la dictadura, años de plomo y malas caras. Recuerdo vivamente el impacto público del bombazo que le pusieron a Carrero en el 73, en Claudio Coello y la preocupación general posterior, cuando el "general" ya chocheaba y dijo aquello tras el asesinato de aquél: "no hay mal que por bien no venga" y otros empezaron a cantar aquello que decía:

Siendo Carrero ministro del Mar
su gran deseo fue siempre volar.
Y Carrero voló, voló y voló
(en efecto Carrero voló más de 4 pisos

Por otro lado, volviendo al fútbol, alguna vez fuimos a Getafe para ver jugar a la Unión; escuchábamos con emoción por la radio en las tardes de los domingos las noticias de nuestro equipo de Salamanca, la UDS. Luego nos llegaba a casa El Adelanto, al que estábamos suscritos, con la crónica gráfica del último partido. Ese año, el 73, quizá por nuestra devoción, la Unión Deportiva Salamanca ascendió por primera vez a 1ª División. El mérito, creo que poco común, fue que tan sólo un año antes estaba en 3ª jugando con el Quintanilla de Onésimo y equipos de este jaez. Ya lo hemos dicho en otra entrada, jugaban:
Aguinaga (portero vasco en la puerta) Néstor, Huerta y Diego (en la defensa) Robi, Carmelo, Cadalso, y Lacasa (en la media) y Chávez, Muñoz y Sanchez Barrios (en la delantera) Había tres o cuatro con barbas.
Una vez fuimos al parque de atracciones, otra vez al circo de los Tonetti y otra al zoo, donde dormitaban unos leones escuálidos
....

jueves, 12 de abril de 2012

El mundo de Canela

Can-ella

¿Cómo se verá el mundo
a la altura de Canela?
Verá las hormigas,
los gusanos, las hierbas
las flores de primavera...
¿Qué pensará Canela
cuando cruza el río que le lleva?
cuando se pone bajo los árboles
que su sombra le prestan.
Cuando ve a otras criaturas
que tan pronto andan y luego vuelan,
o esas otras que reptan, las lagartijas,
que merodean por las piedras...
¿Qué pensará Canela?

¿Qué pensará cuando le riño tanto
al entrar en el huerto
y ella se queda tan compungida?
¿Que pensará, francamente, de su amo?
¿Pensará que el mundo es tan bonito
aunque tenga momentos malos
o, por el contrario,
todo, absolutamente todo.
le parecerá algo tan extraño?

miércoles, 11 de abril de 2012

Erotikó Hortelanikó


Tu fruta madura llora como la parra del huerto.
Tus ojos bruñidos como la perra Canela me miran.
Y yo, mucho lamento no poder plantar el pimiento.
Por un tiempo, un desvencijado momento...


El ojo de Buda en la puerta de La Garganta.
Con clave.

 La perrina a veces me entra en el huerto. Y la riño mucho, cada vez entra menos.

martes, 10 de abril de 2012

Áureas nuptias conmemoram



COMMEMORATIO NUPTIAE AUREA
Quincuagésimo aniversario
Cáceres 14 abril de 2012
 
PRESENTACION
Hay un barrio en Salamanca
donde sus calles todas confluyen,
allí se conoció esta insigne pareja.
Al chico “Largui” le llaman,
y a la chica, “La Portu Isabella”

JESÚS
El caso es que el doncel salió
de un Melchor Cano garboso
apuntando buenas maneras...
Bien nos vale para escudero,
también para tuno amoroso,
para torero de costa verde
y, como no, para pío nazareno.

Más viose luego su talento
de no pequeña estatura:
no eran sus armas tan burdas,
ni los latines su porvenir sincero.

Parece que más le conviniera
el trato del mundo civilizado,
Pensó, "ni milicos ni hostias"
Ya diole D. Manuel una galleta
que le dejó tendido cuan largo era.

Ver quería, en definitiva,
la vida con sus propias lentes
de epicúrea trascendencia.
Sus luces, sus sombras,
las letras endechas
y aprender recias las leyes,
con castellano atisbo de amargura

ISABEL
Y ahora toca glosar a la doncella,
que es de otra pasta y aderezo,
y creo que no será muy fácil
salir indemne do me voy metiendo.

Va paseando por la oeste plazuela,
va dejando a todos sin aliento,
los bravones mozos del barrio
pierden la compostura,
se ponen muy altaneros,
y la persiguen con desmesura.

(A todos ellos les dice nones
y no una vez, sino montones.
Si alguno se desmanda una patada,
se llevan en los mismísimos …
-cogieron un gato pardo-)

Es joya sumamente incautada,
i-lusa de sueños, apreciada,
consigue con su carácter férreo
ser justa lanza del escudero.

¡Oh, esa importada perla...
hembra de armas tomar!
Tan granada por Luis el fraile,
que nadie le osó tocar.

Es su casa un gineceo
sólo androico el Eleuterio
tres mozas van delante, tres,
que los muchachos huyeron.
Sólo ella lo consigue, sólo,
ser casadera última, y primero
--------------
Bien creo que ya estamos
contentos con esta romanza,
no demoremos demasiado
para comenzar con la pitanza.
Si estáis todos de acuerdo, prosigo.
Si no lo estáis, yo más no digo.

(Aquí hay un silencio)
Se espera vuestra aprobación

HISTORIA
Pues bien, prosigo.
La común historia empieza
de una común manera.
El Largui es huérfano pinturero,
-esto no lo dijimos-
y la Isabella no va con cualquiera,
-esto si que lo dijimos-

Toman letras los dos
en las aulas de arenisca
si el don va de magistra, derecho,
la doña se inclina por el griego.
Al cabo aquello comprobamos,
lo que está en el medallón expuesto:
"tanto monta, monta tanto
Isabella como el Largo"

Que cumplen con los cánones
es algo que despista,
pues la ciudad que los adorna
pronto los pierde de vista.

A Sevilla va el flamenco,
universidad de los talentos
A Jeréz se va la niña
no había tomado aún su asiento

Poco fuelle por el Sur,
se lían la manta a la cabeza.
Cuando los tecnócratas despuntan
tienen que hacer las maletas.

Así se monta el lío
¡una boda de catedral,
que no es ningún desvarío!
y tienen que pasar bajo sables
¡acompañados del hermanito! (de él)

Ahora sí que sí, se van de casa,
buscando tierra de consuelo,
Pasan por el Madrid infausto,
la Prosperidad, en tiempos de Carrero.

(apunte histórico de Claudio Coello)
Aunque este Carrero Blanco
era ministro del mar
su gran deseo confeso
había sido siempre volar.
Y a fe que lo consiguió,
lo pusieron mirando para el cielo
Le levantaron cuatro pisos
con un petardo fallero.

Para Canillejas había que tomar P-2
y Barbudo tampoco era muy bueno,
así que la familia compuesta,
por si acaso, se muda para Arnedo

HIJOS Y DEMÁS
En este pueblo manufacturero
para ya la máquina de funcionar.
Que no nos hemos enterado,
Isa ha dicho ¡Hasta aquí hemos llegado,
han brotado varones por todos lados!
Y hasta las cinco tienen que dar,
¡esta vida es un no parar!

A las cinco, ¡menos mal!
llega la vencida: "Baronesa Salelita"
Es talmente como su madre, igualita,
claro sí, en versión anglo-cagona
... Os diré. Alguna caca
a mí diome tiempo de limpiar.

A las cuatro el "Ángel Pudu"
se dio un trastazo morrocotudu
que de tanto cijarse en la motu
empezó a tocar el bombardinu.
... Y por eso el resalau
se nos hiso boieskau.

A las tres,el enano saltarín,
raudo meteoro,
luego "Juanlinas Pitinas"
que como todo el mundo sabe
era una pitoncia marranina.
... En un campamento el muy jodío
le entró la materna morriña.

A las dos está este seguro servidor.
¡Qué voy  a decir del segundón,
todos sabéis que soy yo!
"Lucas" rebautizado, bicho raro
viajero, cosmopaleto polilenguado,
sin embargo de los cuatro
...¡el más bajito y el más taimado!

A la una, el primogenito,
¡Jesusito, Jesusito,
que eres niño como yo!..
Le pusieron al bizco la gabardina
y le llamaron "Colombó"
...Os juro que lo he visto:
una peseta rubia
el padre del gañote sacó.

REMATE Y DESPEDIDA
Medio siglo ya ha pasado
(y no lo cumple ya mi suegra
que dos veces  enviudó)
¡Quincuagésimo aniversario!
Son diez lustros, cinco décadas,
unidos por la ciudad de piedra.

Por eso hoy, 14 de Abril
nos hemos convocado.
No somos en la Salamanca alzada,
-esto parece extraño-
sino en la Cáceres ganada,
para darle aún mayor gloria
al día grande republicano.

Hoy, querida recua de primavera,
estamos todos.
Sabed todos que es una suerte,
que cumplir no puede cualquiera.

Estamos todos,
los patriarcas aureados,
los cinco dedos hermanos:
dos que son machorros,
tres que son casados;
un trío de cuñados:
dos ¡que casualidad dos!
primos entre ambos dos
y una, la singular helena
de la misma ciencia que la abuela.

A más de estos adultos,
hay que mencionar otros bultos:
es la última ¡conocida! descendencia.
Una recua de petardas
más el pobre "Kavabolo"
que está él solito, sólo.
En total va este algoritmo:
Jesúses dos, Isabellas cuatro.
¿Quién da más?
¡Está bien claro,
saber quien han ganado!

Para terminar
Como creo en el relato es virtud
ahorra si puedes su longitud,
más es menester antes recordar
el agradecimiento que os hemos de dar.

Uno, por ser padres tan rapsodas
clementes, heroicos, sacrificados,
y dos, por ser los paganinis
de estas jubilosas nupcias, convidados.