sábado, 5 de noviembre de 2011

¡Ay que mito útil!



La fuente de la vida
Aaggg, Panagitza mou!
¡Ay, Virhensita mía! 


Contesto al último de Libertad cuestionada, por cierto,  pero en broma, ¿cuándo no lo estuvo?

No me gusta polemizar contigo porque eres mi amigo, eso significa que estamos mediatizados, ahí, por un montón de mitos. La coincidencia de muchas ideas, sueños, la amistad, el amor..., son todos conceptos indefinibles que sólo funcionan cuando  les damos vida. La mitomanía es una de las maneras de definirnos frente a otras especies e individuos. Nosotros somos los mitómanos, el mito habla de nosotros con nuestro lenguaje. Somos el mito vivo.

Pero veo que sigues dándome caña, no digo que a mi en particular, aunque yo me sienta aludido.  Creo que lo haces porque buscas, como todos nosotros, explicarte el mundo, lo mismo que hace la neurociencia. Con pertrechos discursivos que no se apartan un ápice del esquema proposicional  que conocemos. La razón filosófica, o común. Será mito pero funciona.
Me voy a quedar con esa frase final tan definitiva por no decir lapidaria y que, me perdonarás, pero no me parece de tu cosecha. Por lo que te conozco.

"La razón es un mito humano" abre la sentencia, "apenas puede poner bridas  a este caballo desbocado", la cierra.
La primera afirmación ya está cargada de intención, nos indica por lo que insinúa, y que se confirma en la siguiente aseveración, que el mito es algo negativo. O casi inoperante.

Esta es una afirmación gratuita sobre la que no se argumenta en ningún momento, no ha podido demostrar, con o sin razón, ni su verdad ni su falsedad. Es pues tendenciosa y está contaminada por su propia inanidad, por su condición de mera proposición sin confirmar.
¿Quién decreta que el mito sea negativo? Gobernamos, creamos, vivimos gracias a los mitos, toda la experiencia del desarrollo humano, de esa naturaleza de la que hablamos ayer, puede ser explicada a través de ellos. El mito no es más que el relato de esa peripecia. No tiene connotaciones ni positivas ni negativas, no es responsable de las consecuencias de su carga beneficiosa o maléfica. Eso viene de la mano de los exe-jetas y doctores (...tiene la Iklesía).
¿Que la razón es un mito más?, eso no le quita valor. Los mitos son muchos y variados, los que más han perdurado lo han hecho porque pueden resumir mejor que otros relatos el acontecer humano, son historias potentes que hemos incorporado a nuestro acerbo, que nos explican, esa es la cultura. ¿Tenemos que renunciar también a ella porque es parte del mito?.
Finalmente, es muy gracioso que haya sido precisamente la crítica marxista y materialista quien se preocupó de analizar y explicar el mito intentando separar la paja del grano, para que ahora vengan a contarnos estos modernos pijoteros, no los neurocientíficos, sino los que tratan de arrimar la brasa a su sardina explicándolo y catalogándolo moralmente, cuánto de beneficioso o maligno hay en el mito.

La segunda afirmación es más de orden poético, una metáfora. Pero no demasiado feliz a mi modo de ver. Comparar a la naturaleza, a las pasiones, al inconsciente, con un caballo loco, aparte de un lugar común, es ignorar la aportación del psicoanálisis, y de la psicología en general, a lo poco que sabemos de nuestra vida interior.
Conocimiento que no inventó Freud, aunque lo nombrara y lo describiera de un modo comprensible, los curas llevaban miles de años aplicando las mismas recetas. Y en este caso para ayudar, para solucionar algunos problemas que aún hoy nos siguen fascinando y que a la propia Iglesia no le beneficiaban: el loco es una figura anterior a las religiones que se resiste al mito social porque se guía por su propio código, su relato, su mito.

La divinización del ser  humano, su lugar reservado en el cielo a la derecha de Dios Padre, es el reponsable de la condena del mito como algo demoníaco, pero sólo de aquel que no concuerde con la  ortodoxia, con la doctrina, hábilmente manipulado, maniqueamente, por teólogos y pensadores del sistema. Y esta es una superestructura muy al margen de la razón o de la ciencia, a los mitos positivos -para sus intereses-  los riegan y abonan, los que no interesan los condenan, no hacen más que repetir el esquema maniqueo -no el real, el falso- del bien y el mal. Y es bastante evidente la maniobra. Miente, que algo queda. Barre para casa que es polvo de oro. ¿O no es un mito la religión y hasta la política?
¿Con quién te quedas, con un monje ateo como yo, ni jota ni fandango?... .

A estas horas y con este vino no doy más de mí. Lo siento. Pero " no me conformo, no, me desespero", decía Miguel Hernández. No sé cuál sería su desesperación, ¿sólo lírica?. Pero, metafórica, real o racionalmente puedo imaginarla. Teorías hay muchas. Hay que demostrarlas. Yo no estoy en condiciones, me puede también el mito alcohólico...
Salud.

Ramiro.

  

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